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jueves, 5 de diciembre de 2013

Luciano Saracino - Escritor - Guionista de Historietas y de la serie GERMÁN, Últimas Viñetas.


 



Hola, es un placer tenerte de visita. Preséntate con tus palabras, por favor.

El placer es todo mío.
Me llamo Luciano Saracino. Vivo actualmente en el barrio de Floresta (aunque deambulé previamente por Villa del Parque, La Paternal, Valencia, Puerto de la Cruz y Parque Avellaneda). Me gusta leer, mirar fútbol por la tele, tomar un trago todos los días, cocinar, charlar, caminar. Tengo una hija que muy pronto se dará cuenta que lo que hace su papá todo el día en esta máquina son historias.
Escribo cuentos, historietas, series de televisión, dibujos animados, novelas, canciones y lo que sea que me aparezca o me pongan delante.
Tomo mate todo el día y, generalmente, se me hace de noche mucho antes de lo que debería.
Mi gata se llama “La Negra”. Un día entró por la ventana de mi casa y no se fue nunca más. No sucede lo mismo con los amores, pero en fin.
Tengo un puñado de amigos de hierro y, dicen, soy bueno preparando el fuego.
El tiempo que no escribo lo uso para viajar.
Hablo hasta por los codos.
Lloro con las películas de amor.

Ja, ja. Es curioso como se encuentran coincidencias en una charla. Tengo una gata negra, pero quien me adoptó fue su hijo, un negrito por  supuesto. Yo también hablo un montón, demos rienda suelta al hábito. Con tan extensa producción de cuentos, libros, historietas está peleado elegir por cual de tus facetas comenzar. ¿Empezamos por Luciano como persona? ¿Cuándo comenzaste a aficionarte en la lectura de historietas?

Desde siempre. Siendo muy chico me fascinaba leer historietas. Recuerdo recortar de las revistas infantiles todo aquello que tuviera viñetas para armar mis propios libritos. En mi casa se compraba la Anteojito, por lo tanto tenía antologías caseras de Pelopincho y Cachirula, Anteojito y Antifaz, Pi-Pio, Coco y Cilindrina y esas genialidades oníricas que hacía Quique Alcatena.
Mi viejo tenía la colección de Hora Cero completa, así que mis primeros años como lector fueron de la mano de Héctor Germán Oesterheld. Me encantaba, claro, El Eternauta, pero me fascinaba leer Cayena, Sherlock Time, Lord Crack… ¡y tenía cinco o seis años!
Vivíamos en un edificio. Y como no se podía comprar todo lo que salía, el portero juntaba las revistas que la gente tiraba en los otros departamentos y me las daba. Así logré leer, por ejemplo, lo que publicaba Columba. Era una época gloriosa de Dago (de Robin Wood y Alberto Salinas), por lo que logré leer sagas completas sin perderme ni un sólo número. Todavía recuerdo el placer que me daba aquel esclavo. Y cómo me divertía Pepe Sánchez.
Como mi padre compraba la Hortensia y la Humor, yo leía un poco de todo.
Cuando llegó la Fierro llegó también Trillo. Y ahí directamente se me voló la cabeza para siempre.

Sí, la Fierro con Ficcionario, Altuna a pleno ¡Qué bueno que estaba! ¡Como son las cosas! Lo digo porque guionaste algunas publicaciones en la Fierro ¿Verdad?

Si. En la Fierro publiqué durante los años 2009 y 2010 la serie El Feo (dibujada por Omar Hechtenkopf). Luego, cuando hay un lugarcito, me llaman y publico alguna que otra historia corta cada tanto. Publicar en la Fierro, es un placer por todo lo que significó esa revista cuando yo era pibe y lo que significa ahora para un montón de lectores.

¿Alguna vez dibujaste?

Nunca.
Tengo algunos cuadernos de chico donde hacía algunos garabatos. Es interesante verlos hoy, porque más que dibujos yo hacía historias. Eran dibujitos con cuentos alrededor. Estaba claro que ya me gustaba esto de contar.
Tengo un amigo de toda la vida, Luis Sampaoli -hoy músico-, con quien hacíamos libritos e historietas de ciencia ficción. Yo escribía y él dibujaba. Todavía andan por ahí, esos primeros pasos.
Desde entonces, me gusta trabajar en equipo.
 

¡Ciencia Ficcion!  ¡No digas! ¿Te gusta la CF?

Me apasiona. Tengo varios centenares de libros de ciencia ficción de todo tipo. La colección completa de los de Hispamérica. Las antologías de lomo blanco de bruguera. Tengo casi mil bolsilibros que colecciono y rastreo a lo largo y ancho del mapa…
Desde siempre leí CF. De muy chico, era fanático de Ray Bradbury. Y, si bien mis gustos de grande fueron para todos lados, la ciencia ficción siempre ocupa un lugar de importancia en la biblioteca de mi alma. Richard Matheson, de hecho, ha escrito algunos de los relatos cortos de CF más hermosos que yo haya leído jamás.


Sé que te apasiona viajar. Es una experiencia que conozco. Alejarse de las fronteras conduce a la apertura mental. Hay neuronas que se activan y uno tiene una visión nueva del entorno, del hogar. ¿Qué podés contar de tus experiencias como viajero?

Si. Considero al viaje como una parte fundamental de mi escritura.
Pensá que yo, generalmente, estoy tapado de trabajo. Escribo no menos de diez horas diarias (incluídos los fines de semana y los feriados). Eso hace que tenga la cabeza puesta constantemente en lo inmediato. En lo que estoy haciendo aquí y ahora.
Salto todos los días de una historia a la otra, pero son todas cosas que ya están diagramadas, pensadas de antes. Eso no deja lugar a la creación de nuevas historias.
¿Entonces qué hago? Viajo.
Cuando viajo, no escribo. O, mejor dicho, escribo diferente.
Cuando viajo llevo cuadernitos que siempre vuelven cargados de historias.
Me pasa que moverme, ir a lugares donde nunca antes estuve, hace que mi cabeza también se mueva.
Cuando viajás estás con la mirada puesta en otro horizonte. Conectás con los radares que buscan historias.
Es como un pacto que tengo con mi cabeza. Le doy ciertos momentos de descanso para que ella me regale una o dos historias nuevas. Quito, durante algunos días, la presión de escribir y escribir.
Y ahí aparece esa otra parte de nuestro laburo, que es imaginar.

Cierto, es buenísimo. Tu papá coleccionaba Hora Cero y la leías en tu niñez. Después descubriste Columba y los  comics. ¿Hiciste algún curso sobre historietas? ¿Te imaginabas como autor de historietas?

No. Nunca.
Leí, si, absolutamente todo lo que cayó en mis manos. Y te puedo asegurar que fue mucho.
Hora Cero, Anteojito, Humi, Humor, Sex Humor, Hortensia, Satiricón, Chaupinela, El Tony, Dartagnán, Fantasía, Skorpio, Fénix, Fierro, Puertitas, Súper Sexy, Patoruzú, Afanancio, Lupín, Condorito, Fantomas, Archie, Joyas Literarias Juveniles, Fuera Borda, Billiken, Diabolik… un millar de vaqueros que guardaba mi viejo de cuando era pibe, las de superhéroes que publicaba Novaro y que compraba en el parque Rivadavia, toda esa maravilla de Cimoc, Totem, Zona 84, Creepy. Una mezcolanza. Un menjunje maravilloso de viñetas y globitos. En mi infancia convivía todo eso en un perfecto caos ordenado.
Luego, las de super héroes que publicaba Perfil con traducciones de Andrés Accorsi. Más tarde, las de Vértigo (especialmente el Sandman de Neil Gaiman o las de Hellblazer). Seguro que me olvido de mil cosas. Pero era mucho.
Ahí tenés mi formación. Nunca fui a un taller. Nunca conocí en persona a ningún escritor hasta que fui escritor.
Pero te puedo asegurar que leí miles de historietas que me marcaron a fuego. Y varias de ellas ahí están, en la formación de mi personalidad.

Con semejante surtido estabas leyendo a autores y dibujantes de todas partes del mundo. Es una gimnasia hermosa. Recuerdo cuando aparecieron un montón de revistas europeas en todos los kioscos del centro. Pude completar la colección Metal Hurlant española completa. ¡Las Totem eran hermosas! En esas creo lei Ernie Pike por primera vez ¡Mirá que loco, en vez de conocerla en una revista de acá, fue en una extranjera. Ahora, haciendo memoria, creo que lo leí en una blue Jeans, je, je. Tenés escritos un montón de libros infantiles. ¿Es otra de tus pasiones?

Si. Es una pasión que me cayó casi por casualidad.
Yo quería ser escritor, pero no sabía cómo comenzar. Ahí fue que aparecieron los ilustradores Poly Bernatene y Sebastián Barreiro proponiéndome iniciarme en el mundo de “lo infantil”.
Yo no tenía nada publicado, y verdaderamente no era un gran lector de lo que estaba sucediendo en el mundo de la literatura para chicos actual.
Les escribí unos textos y quedaron bonitos. Con Sebastián Barreiro publicamos en el 2004 un libro que se editó en cinco idiomas (Elisa se va de vacaciones) y, con Poly Bernatene, en el 2005 sacamos las Agendas Monstruosas, que dio la vuelta al mundo y que ya perdí la cuenta de cuántas traducciones tiene. Acá publiqué, en el 2004, la primer novela del mago Filgrid (que hicimos con el dibujante Carlos Pinto), y con ese tridente inicial ya nunca más abandoné las letras para chicos.
Hoy, a diferencia de cuando comencé, estoy un poco más al tanto de lo que sucede en este mundillo fascinante que son los libros para chicos. Y pretendo seguir escribiendo este tipo de historias toda mi vida, porque encontré que con ellas se pueden decir un montón de cosas que en los libros para adultos no podés.

Fueron traducidos a muchos idiomas. ¿Verdad?

Si. Creo que, hasta hoy, fui traducido al inglés, portugués, catalán, francés, italiano, alemán, ruso, serbio, griego y coreano. Si se me escapa uno, pido disculpas. Pero no llevo un registro minucioso al respecto.

Ja, ja, está bien. ¿Hay algún guionista contemporáneo que sigas?

 
¿Seguir de fanático? ¿De que cada cosa que sale voy y la compro?
De acá (y Uruguay), leo todo lo que hacen Diego Cortés, Diego Agrimbau y Rodolfo Santullo. Con ellos me voy a Marte, si me piden. Tienen una cabeza que me impresiona. Nunca van a menos. Siempre tiran mejor el centro. Y, cuando la meten, son golazos. Todos.
De los que además de escribir dibujan me gustan Max Aguirre, El Bruno, Gustavo Sala, Salvador Sanz, Pablo Túnica…
De afuera, Neil Gaiman y Joe Kelly.
Y si te tengo que sumar a los que también dibujan, te digo que Javier de Isusi, Paco Roca, David Rubín, Jason…
Pero estas son las preguntas donde me hacés quedar mal porque no nombro a una bocha porque me estoy olvidando.


Ya sé, uno quiere mencionar a todos, porque sabe que lo tienen bien merecido. ¿Cuál es tu guionista favorito?

Considero a Carlos Trillo como el mejor guionista de historietas que ha dado la humanidad.


Sí, sus relatos son grosísimos. Se animaba a extremos que otros guionistas no transitan. Me acuerdo de El Último recreo y la imagen de un bebé muerto en una calle. ¿Qué opinás de la autoedición?

 
Esa imagen del bebé muerto es tremenda. Mueren todos los adultos y sólo quedan los niños. Y ese bebé se habría quedado solo, sin nadie que lo cuide… y cayó por una ventana.
Lo más tremendo es que lo ven unos nenes que venían jugando y se detienen a mirarlo. Tienen un diálogo absolutamente naturalizado de la muerte que es maravilloso. Trillo era un genio.

Sobre la autoedición, me parece un excelente lugar para que un autor esté por varios motivos: publicás absolutamente lo que querés, no tenés que rendirle cuentas a nadie, podés hacerlo para ganar confianza o como actitud política frente al mundo. Es un buen modo para pegarle una patada a las editoriales tradicionales o para llegar a ellas con un material que no sea un Word…

Mis primeros intentos en este recorrido fueron autoeditándome. Tenía, con dos amigos, una editorial donde nos hacíamos los libros nosotros mismos. Quedaban preciosos. Y era magia pura pasar noches completas cortando las hojas, haciendo la prensa con libros pesados y pegando las tapas mientras tomábamos cerveza y hablábamos de cambiar el mundo. Nos habíamos puesto de nombre “La Mancha Hiptálmica” (por un relato de Horacio Quiroga), y todavía debo tener en casa los libros que hacíamos.

Nos deteníamos con el auto en una parada de colectivo cualquiera y le regalábamos un libro a cada uno de los que estaban en la cola. Y nos íbamos. O dejábamos en fiestas donde no nos habían invitado libros en los bolsillos de los abrigos colgados. O hacíamos fiestas donde vendíamos los libros y, con lo que nos daban, comprábamos la cerveza que se tomaban todos… era un tiempo maravilloso.
Y te puedo asegurar que no ganábamos ni un peso… pero a las chicas les gustaba aquel asunto medio punk de los libros hechos a mano.

Hoy participo en cuanto proyecto de autoedición me inviten y me motive. A pesar de trabajar de esto y que con esto pago mis cuentas, sigue siendo absolutamente romántico eso de pasarse una noche cada tanto armando libros.
Espero no perderlo nunca.

Conozco a muchos chicos que hacen ediciones independientes, Los llaman de varias maneras, algunos  El Under. Lo que me impresiona es la gran calidad de muchos. En un tiempo se producían fanzines con pocas pretensiones, pero ahora hay laburazos en una competencia sana de diferentes estilos.  ¿Visitás esos eventos de historietas independientes?

Visito todos los que puedo, en la medida en que me lo permiten las entregas y los viajes.
El Dibujados, por ejemplo, es uno de los eventos de historietas más hermosos del mundo. Yo este año no pude ir porque se me superpuso justo con una feria en Chile. Pero siempre que estoy paso a saludar y a dar una mano en lo que puedo.

¿Cómo fueron tus primeros contactos con los dibujantes? Ya vi que muchos amigos míos han trabajo con vos, je, je.

El mundo de los dibujantes es un mundo maravilloso. Está lleno de tipos increíbles. Es muy fácil hacerse amigo de ellos, y a esta altura del partido la verdad es que elijo laburar con amigos.

Mi primer contacto fue el que te conté: trabajaba en una productora de dibujos animados (Bujos) donde coincidí con un montón de genios con los que luego terminé haciendo libros: Poly Bernatene, Sebastián Barreiro, Abril Barrado, Omar Hechtenkopf, Sergio Kechu, Federico Radero… te diría que desde ahí comencé a trabajar acompañado. Era sentarse con cualquiera de ellos a comer y hablar de lo que teníamos ganas de hacer. Y hacíamos. Aquellos eran años de hacer.

Y después, claro, el destino. Con Javier de Isusi nos conocimos subiendo un volcán en Nicaragua en 1999 y, desde ese momento, no hacemos otra cosa que cranear historias de un continente al otro (él es vasco). A Infame & Co. me lo presentó Javi, y lo mismo. El camino te va cruzando con gente que queda para siempre. En cada festival internacional a los que asisto me traigo una amistad permanente con algún ilustrador maravilloso. Con algunos, incluso, hacemos algún libro si tenemos ganas y tiempo.

Una vez tuve en mis manos un libro mío que lo había dibujado un ilustrador que no conocía (lo había elegido la editorial). Me acuerdo que me dieron el libro y pedí el teléfono de ese tal Carlos Pinto para comentarle lo que me habían parecido sus dibujos. Hoy somos amigos y tenemos tres libros hechos. Un libro ilustrado es un vínculo para siempre. Me gusta que esos vínculos se vuelvan amistades.

Gerardo Baró, por ejemplo, era un pibe que laburaba de asistente de Poly Bernatene con el que pegamos onda las veces que yo iba al estudio de Poly para hablar de nuestros libros. Hoy tenemos un montón de cosas hechas y muchas más por hacerse.

Ya cuando comencé a tener obra publicada más o menos visible sucedió que los dibujantes me llamaban para hacer algo. Algunos de ellos eran verdaderamente buenos y terminamos haciendo muchas cosas juntos. Pero a la larga te puedo decir que las mejores relaciones laborales son las que nacen de otro modo: tiene que haber una química previa. Tener ganas de hacer algo con alguien porque, además de ser un artista maravilloso, es un tipo con el que querés compartir la vida.

Así ando ahora. Planeando libros con amigos.

Decime cuáles son los dibujantes que son tus amigos, así te cuento anécdotas de cada uno (risas).
 

¡Esa lista es enorme, ja, ja! Entre los dibujantes de tus personajes está Silvestre 'Frank' Szilagyi. Alguien muy importante en mi vida por que fue la persona que me enseñó la puerta para entender los secretos de la historieta. Después siguieron años de aprendizaje leyendo historietas. ¿Cómo fue trabajar con Frank?

Lo de Szilagyi fue uno de los placeres más grandes que tuve en mi carrera, y entró por la ventana. Te cuento…

Conocí a Quique Alcatena en una de esas mesas de café donde un puñado de historietistas se junta para diagramar una posible revista que nunca sale. Como no fuimos la excepción, la revista que íbamos a hacer no salió. Pero con Quique pegamos una onda increíble. Imaginate lo que era para mí estar ahí, sentado con Alcatena, y que me pida que le escriba un guión.

Se lo escribí. Le gustó. Y quedamos en contacto luego de que aquel proyecto del que te hablaba naufragara.

La cuestión es que una noche me llamó Lautaro Ortiz, que estaba armando una hermosa movida para hacer historietas dentro de Télam. Me dijo si me gustaría hacer una tira diaria (¡diaria!). Pregunté que quién la dibujaría, y me dijo que Quique Alcatena. Casi me desmayo. ¡Las vueltas que da la vida!

Agarramos viaje después de varias idas y venidas (ellos querían hacer una historieta costumbrista sobre un grupo de empleados de una pyme y nosotros terminamos contando una historia de robots gigantes destrozando la ciudad…) y, como el laburo iba a ser monumental (fueron seis meses de palo y palo) y los dos estábamos con varios trabajos, Quique pidió una mano para que le planten los lápices. Esa mano era la de Silvestre Szilagyi. ¡Imaginate!

Mi contacto era con él: yo le mandaba a él los guiones de las tiras. Y él me apuraba a mí cuando me dormía con las entregas. Fue un laburo hermoso, al que quiero muchísimo (le pusieron en Télam el nombre de Ricardito, y ojalá que algún día salga en libro porque es un trabajo de esos que me gustaría tener compilado porque se lee muy bien de punta a punta y porque, ahora que pasaron los años, lo quiero más que antes).

¡Fa! Ya me entraron ganas de leerla. Además, tanto Quique como Frank son La Disciplina trabajando. Recuerdo haber visto laburos de mi profe,
proyectos personales,  y estaban a años luz de lo que hizo en Columba.
Y un día escribiste una serie muy linda llamada Germán, Últimas Viñetas ¿De dónde salió la idea de hacer esa historia?


Hacía años que tenía en mente escribir una historieta sobre la historieta. Mi papá es muy lector de historietas, y vivió a pleno lo que hoy se conoce como la “edad dorada de la historieta argentina”. Como vivía en un pueblo, esperaba a que abriera el único negocio que vendía revistas para que nadie le ganara de mano y le quitaran su Hora Cero. Ese vínculo único que crea la historieta con sus lectores me parecía interesante como para escribir algo.
Lo primero que hice alrededor de esta idea fue un guión que lo está ilustrando Fabián Mezquita y que trata, justamente, de un tipo y su relación con aquellas viejas Hora Cero. Cómo una revista puede cambiarte la vida.
Pero con los años se fue generando otra idea dentro de mi cabeza: hablar del proceso creativo. Contar una historia que cuente, justamente, la aventura de proceso creativo.
Te cuento un secreto: cada tanto me agarra ese miedo atroz de no poder escribir nada más. Leo cualquier cosa de Oesterheld, de Trillo, de Abulí y me dan ganas de tirar todo a la mierda. Ese sentimiento de “no ser digno”. De estar meando afuera del tarro.
De ahí –de ese miedo- nació “Germán, últimas viñetas”. Se trata de un tipo que escribe historietas y está pasando por una crisis de la mediana edad y justo viene un genio a laburar al lado de él y a tirarle por el piso todo lo que él había construido. De eso salís vivo o muerto, cuando te pasa.
Me pareció un buen punto de partida.
Alrededor de eso, conté la vida de Oesterheld.
Pero la idea inicial era contar un poco lo que me pasaba a mí respecto de mis miedos creativos. Y cómo salí de ellos.
Si te fijás bien, alrededor de la pompa que se generó al hablar de Oesterheld, estamos hablando de otra cosa. Ese fue el mérito más grande que tuvo la serie, si es que tuvo alguno: contar algo sin que nadie se diera cuenta que lo estábamos contando.

¡Entonces vos sos parecido a ese guionista de la serie  obsesionado con Germán! Ja, ja, pero ahora caigo que ese personaje se queda con la chica, je, je. ¿Lo habías notado?

Si, lo noté porque está pensado desde el vamos. Ese personaje es mi espejo, en la serie. Lo que le pasa a él me pasa a mí.
Y el personaje de la chica (Florencia, interpretado por Paula Reca) también tiene que ver con mi vida privada. Sin mi “Florencia” yo jamás me hubiese dado el permiso de escribir.
Tuve la suerte de tener una compañera/ladera que se jugó a mi lado cuando las papas quemaban y me ayudó a levantarme cuando las cosas no salían. Lo que hace Florencia en la serie (se viste de uno de los personajes del guionista para darle ánimos a seguir escribiendo) es una metáfora de lo que ha hecho conmigo mi “Florencia”.

¿Participaste en la elección del elenco? ¿El nombre de Miguel Ángel Solá ya sonaba en tu mente? ¿O Claudio Rissi?

Participé todo lo que pude.
Había tenido, antes de “Germán, últimas viñetas”, otra experiencia con una serie televisiva que fue bastante desalentadora para mí. “La Nada Blanca”, se llamó la serie. La idea estaba bastante bien, pero por entregar del todo el timón y no hacerme cargo de algunas cuestiones que, creo, me correspondían en tanto guionista, naufragó por completo. No porque no se haya podido encarar bien sin mi tutela. Sucedió que, quien la encaró, lo hizo de un modo absolutamente diferente al que yo había pensado.
Acá, en Germán, como se trataba de una historia que quería muchísimo, les pedí a los productores poder tener al menos un voto a la hora de elegir.
Inicialmente, te puedo decir que cuando me dijeron que la iba a dirigir Cristian Bernard y Flavio Nardini supe que todo iba a salir bien. Son, a mi entender, los tipos que mejor entienden el tipo de historia que a mí me fascina en el cine nacional. Así que: “alegría!”.
Luego, sugerí a Walter Cornás y a Beatriz Spelzini para que participen y por suerte me escucharon y les dieron la oportunidad para que actúen como ellos saben. En el resto del elenco, participé con mi opinión pero la decisión fue de dirección o de producción. En todos los casos, estoy absolutamente de acuerdo con lo que se eligió. Y a muchos de los actores que participan no los conocía y ahora quiero que estén en todo lo que haga, en el futuro.
Claudio Rissi fue sugerencia de los directores. Miguél Ángel Solá, de los productores.
En ambos casos estuve de acuerdo.
En ambos casos se metieron goles de media cancha.

Totalmente, la mirada de Solá con esa especie de sabiduría mezcla de niño y de viejo es magia pura. Y Claudio Rissi es inolvidable. En esa parte que recita una línea de Nekrodamus, loco, pone la piel de gallina. Me gusta como recreaste la atmósfera de los setentas. Era lógico que se presentara la oscuridad del golpe de estado. El miedo y la desconfianza de esos momentos. ¿Pensaste en finales alternativos? Al avanzar los episodios de la serie todo pintaba para el bajón.

Era importante, para mí, que se creara una atmósfera creciente en la serie. Si te fijás bien, la trama está gobernada por un aspecto meteorológico: comenzamos en primavera, nos come el invierno pero cuando creemos que nada bueno puede pasar… vuelve la primavera.
Es un camino que va y viene. Porque lo que no queríamos hacer era “una del proceso”. Jugamos, de alguna manera, con la poética del clima. Afuera llueve. Afuera está pasando algo. Y lo que pasa no está bueno.
Y también nos parecía importante no terminar en el bajón. Por eso está ese capítulo trece, que es una especie de epílogo. Está ahí para no dejarte solo en la tristeza. Si llegaste hasta acá porque te gustó el camino, bueno, nosotros no queremos dejarte con el nudo en la garganta.
Creo que se trata, en definitiva, de una serie que trata sobre la esperanza. El final nos viene a decir eso: que después de los inviernos más devastadores puede nacer otra vez la primavera.
Y sí había otros finales. Yo recuerdo, al menos, tres finales. Fue lo que más pensamos. Lo que más debatimos entre todos.
Lo que se ve en la pantalla es un rompecabezas que armamos entre las ideas originales mías y lo que Nardini y Bernard (y los actores, porque el final se construyó entre todos) consideraron que iba a tener mejor efecto en el relato.
No sabés qué hermoso fue trabajar ese final. Cada uno metió lo suyo. Se nota el corazón de cada uno, cuando lo ves. Y eso pasa nada más cuando hacés algo que te convoca desde algún punto.

Como todo, la serie tiene sus fans y sus retractores. A mí hay dos momentos que me parecen geniales y medio llenaron de brillo mis ojos. Esa escena cuando Solá dice: Estoy en la Tierra, supongo. Y cuando le deja al editor (sin mencionarlo es Scutti) el guión de El Eternauta 2 ¡Qué bueno que está! También las charlas entre historietistas, yo he participado en cientos de conversaciones de esas y están perfectas. ¿Cómo anduvo de audiencia la serie?


Verdaderamente, no tengo idea de cuánta gente efectivamente la vio completa en el momento que se pasó al aire. Algunos se bajaron en el capítulo dos o tres porque no les gustó el clima inicial. Otros aguantaron para verla completa, de un tirón, en internet. ¡Conozco gente que se levantaba temprano, en Taiwán, para verla en vivo en la página de la TV Pública! Es muy loco todo lo que pasó.
Lo que puedo decirte es que, de todas las cosas que llevo escritas, sin dudas es con la que más rebote tuve.
Recuerdo que cada vez que la pasaban, mi celular ardía de mensajes de amigos que me decían cosas sobre tal o cual escena. Todavía hoy me escribe gente al facebook para decirme lo que le pareció la serie. O me cruzan en alguna feria del libro y tienen el detalle de mencionarme –como vos lo hacés ahora- alguna parte que les gustó.
No sé si con todas las series de televisión pasa esto. Sí te puedo decir que es un orgullo haber estado metido en el proceso de creación de “Germán, últimas viñetas”. Y que cada vez que me invitan a un evento donde la proyectan o a alguna charla donde quieren que hable de ella, voy. Soy de los que creen que a la obra propia hay que sostenerla en el tiempo.
Y ahí voy.

Comparto a pleno. Hace poco me enteré que hicieron un largo sobre la serie y gano un premio en Trieste. ¿Qué podés decir sobre eso?


Que es una verdadera fiesta, todo lo que está pasando.
Lo que sucedió con el largo que mencionás es que el director Hernán Moyano (con la venia de todos nosotros, claro) se puso a trabajar en un corte que cuente la historia en –ponele- dos horas. Para mostrar en festivales. Para hacer caminar la vida de Germán en todo el mundo.
Y, si, nos otorgaron el Premio Especial del Jurado en la Competición Oficial del Festival de Cine de Trieste (Italia) y en el FyMTI (Argentina) sacó cuatro estatuillas: Mejor Mini Serie; Mejor Actor Principal (Miguél Ángel Solá), Mejor Actor de Reparto (Claudio Rissi) y Mejor Dirección (Cristian Bernard/Flavio Nardini y Federico Sosa).
¿Qué tul?


¿Cuál de tus guiones te es más querido? ¿Por qué?

Ufff… qué pregunta difícil…
Quiero mucho –por diferentes motivos- a varias obras. A algunas las quiero porque el resultado final me conmueve. Otras porque se me ocurrieron en situaciones especiales de mi vida. Otras porque fueron dibujadas por verdaderos genios. O porque me hicieron viajar mucho. O porque algún lector alguna vez me dijo algo interesante…
No sé.
Tendría que nombrarte a “Corina y el Pistolero”;
“Ometepe”; “Las Aventuras de Fede y Tomate”; “HO2”; “Cuento hasta tres”; “El ciervo y los lobos”… de esos libros me siento muy orgulloso. Son los que regalo a mis amigos sin tener que dar ninguna explicación para justificarme (risas). Ojo que con esto no te estoy diciendo que sean obras maestras ni estoy desmereciendo a todos los demás. Te digo, simplemente, que son los libros en donde más me veo yo. En los que pude decir las cosas que quería decir.
Y, luego, “Germán últimas viñetas” creo que fue una bisagra en mi vida. Y no tengo dudas al decirte que, seguramente, al final de mi carrera la voy a seguir recordando con mucho amor.

Por supuesto. Leyendo una reseña de Ometepe, me sentí identificado con una etapa muy linda y loca  de mi vida. Vivi un tiempo sin tiempo en una ciudad llamada Paraty. Tal vez la conozcas, Es una ciudad histórica de esas donde te imaginás encontrarte con El Corsario Negro a la vuelta de la esquina. Un lugar lleno de personajes de todas partes del mundo, y con muchísimas historias. ¿Cuál es tu opinión acerca de la propuesta de ley para incentivar la historieta nacional para la que se están juntando firmas?


No tuve la oportunidad de leer el texto de la ley, pero tengo varios colegas que pusieron el cuerpo para que este proyecto esté caminando, por lo que no puedo decirte otra cosa que me parece fascinante que los autores nos juntemos para que esto que hacemos tenga otra voz. 


¡Y respecto a la idea de agremiarse para conseguir la pensión o jubilación para los dibujantes?


Agremiarse es, de algún modo, volvernos ese héroe colectivo del que hablaba Oesterheld.
Si caminamos juntos, no nos podemos perder. O si?


Caminar juntos es lo mejor. La siguiente pregunta tiene una sola respuesta, pero me gustaría saber tu opinión. ¿Te gustaría que volviesen las editoriales de historietas como las Columba o Record, Frontera? Aparte de La Fierro que ha quedado solita. ¿Crees que es posible un retorno?


Depende de cómo regresen, si. No sé si me gustaría que aparezca una editorial que baje una línea dura y que los autores tengan que acotarse a ella para poder trabajar.
Creo que los tiempos han cambiado. Y, si bien estaría genial que se generara un espacio válido para que los quioscos de revistas se llenen de revistas de historietas, me parece también muy interesante que aparezcan cada vez más editoriales que publiquen libros de historietas, porque me parece que el camino, ahora, va por ahí.

¿Conoces DUENDES, Historietas patagónicas?

No solo conozco sino que tuve la suerte de publicar en su blog durante más de un año la tira Khur, el fugitivo, con dibujos de Diego Aballay y color de Ríos Blanco. Lo recuerdo como un espacio de absoluta libertad, donde disfruté muchísimo haciendo aquella tira llena de fantasía épica y bichos raros.


Das cursos de guión también ¿Qué podés contar sobre eso?


A veces me pasa que me harto de estar todo el día encerrado escribiendo, y me busco alguna excusa para poder dar algún taller.
Últimamente, estoy intentando que los mismos sean gratuitos, así cualquiera puede ir y charlar sobre esto que hacemos.
Encuentro, en estos espacios, un placer totalmente diferente al que siento cuando escribo. Y eso es genial. Uno comparte su experiencia con la de los demás. Crece en el ida y vuelta. Renace.
Intento, en los talleres que doy, no guardarme nada para mí. Voy y abro las puertas. Y la pasamos genial.

Si hubiese un holocausto climático o ecológico ¿Qué harías?

Me encerraría a escribir toda mi vida de nuevo, obviando las partes que más me dolieron para que el que la lea piense que no existieron.
Luego de escribir todo eso, cerraría los ojos y pensaría. Intentaría recordar cada momento en el que fui feliz. Y me moriría.
Sería un buen modo de irse.

¿Cuál es tu película de historietas favorita?

¿Mistery Man está basada en una historieta? Porque me encanta.
American Esplendor, también.
Y la de Gaturro, claro. (carcajadas)

¡Gaturro en 3D! Já, já. Yo la vi, pero veo de todo. Me parece muy tierno ese gatito. Hace poco dialogaba con Quique Alcatena, que con sabiduría no quiso adelantar sobre sus proyectos futuros. Pienso que opina como Borges sobre aquello que se anuncia nunca se escribe, pero no resisto la tentación de preguntarte. ¿Podrías contarnos de tus planes futuros?

Todo lo que diga Quique está bien. No por nada es EL AMO de esto que hacemos los demás.
Y, si, es cierto que las preguntas sobre el futuro siempre tienen un toque de abrumador.
Durante el 2013 tuve que trabajar mucho en proyectos de otros. Dibujos animados, series, películas… “para pagar el churrasco”, dice Solá en “Germán”. Y eso, a la larga, te agota mucho. Te saca la sonrisa.
Lo que viene, entonces, es un parate en ese sentido y un sentarme a escribir otra vez lo que quiero escribir. Algún libro para chicos. Alguna historieta larga. Alguna peli de fantasmas.
Pero para mí. No porque alguien me la pide. Me lo vengo debiendo desde el año pasado, ese espacio.
Tengo algunas ideas en la cabeza. Si me lo preguntás de nuevo en dos meses, alguna ya va a estar caminando. Así que pagame la cerveza y te cuento.


¡Desde ya! ¿Cuál fue la última historieta que leíste? 


Acabo de leer el libro de “La Liga del Mal”, que me pareció una genialidad.
Y tengo en la mesa de luz el majestuoso “Modotti, una mujer del siglo XX”, de Ángel de la Calle. Estoy en eso, porque es una obra de las grandes. De esas que hay que leer de a poco para que no te devoren.


¿Pensás que alguien leerá este diálogo?

Si. Creo que a un montón de personas que nombré les va a llegar el google alert donde dice que alguien los nombró y van a ver qué onda.
Yo, cuando esté subido, también lo voy a leer.
Y quizás mi hija, cuando sea más grande, googlée el nombre de su papá y en la búsqueda llegue a este reportaje.
Si llega a ser así, te mando un beso grande, Male. Papá, desde el 2013, te manda un beso gigante.




En el guión de Luciano, los protagonistas están basados en personas reales. Dibujantes y guionistas argentinos de una época de oro de la Historieta. Dos de estos protagonistas accedieron a responder unas pocas preguntas sobre la serie GERMÁN. Un guionista y un dibujante.

Jorge Claudio Morhain - Guionista

¿Viste la serie?  


    SÍ


¿Cuál es tu opinión sobre ella?


    Un extraordinario acercamiento a la figura más grande de la historieta latinoamericana y uno de los mejores del mundo. Combinó la necesaria cantidad de datos con un trasfondo de intriga y poesía que lo puso al alcance de quien no sabe nada de historieta.


¿Te  pidieron alguna especie de       contribución o asesoramiento para la serie?


    NO


¿Como era trabajar para una editorial de historietas?


    Como un trabajo cualquiera. Los editores no hacían mucha diferencia entre los autores y los letristas, o el repartidor de pan. Se usaba el trabajo precarizado, de modo que se vendían con factura, o firmando un supuesto recibo con supuesta cesión de derechos, que nunca tuvo validez. Era muy raro que se trabajase EN la editorial, aunque sí lo hizo Oesterheld, tanto en Columba como en Record. Por lo general se entregaban guiones y dibujos por separado, la mayoría de las veces sin contacto entre ambos creadores. Ocasionalmente se podía acceder a una “relación de dependencia”, sobre todo en editoriales que no sólo publicaban historieta, y en estos caso, al cesar, se cobrara una indemnización. Y se podía fungir de “periodista”. En los últimos tiempos (años ’90) se reconocía la autoría, por presión de los autores, y se hablaba de derechos, de una publicación, etc. Sabemos que la historieta terminó de producirse en 1995.


¿Existía una preferencia por Oesterheld como guionista?


    Obviamente. Era EL MAESTRO para lectores, guionistas, dibujantes y editores. El fenómeno de Editorial Frontera era el sueño del pibe que sólo Oesterheld pudo conseguir.

¿Los dibujantes eran menos valorados que los guionistas como muestra la serie?


Sí. Aunque muuucho mejor pagados. Pero en las editoriales se valoraba la historia. Y esa la escribían los guionistas. Los dibujantes la mejoraban, la ilustraban solamente. O la arruinaban.


¿Qué es lo que te gustó más de esta serie?


    La delicadeza en tratar temas muy difíciles, sin herir a los sobrevivientes ni tomar posición. La habilidad para manejar las metáforas y el poder de síntesis para contar mucho en poco tiempo.


¿Qué fue lo que no te gustó?


    Algunas inconsistencias en los primeros capítulos. Que la magnífica recreación de Solá se hubiese con un fsique du rol más cercano. Me hubiese gustado recrear algún otro personaje, además de Ernie Pike, pero eso es una opinión personal.


¿Te gustaría que volviese una editorial de historietas de ese calibre en Argentina?


    Sería imprescindible, y es algo de lo que no podemos carecer los argentinos, uno de los principales productores de historieta del mundo. Ojalá esta serie permita visualizar el negocio, para que haya interesados que puedan recrear lo que se llamó “la industria”, en bien del imaginario colectivo de los argentinos y de los cientos de trabajadores que, o hacen otra cosa, o trabajan para otros países.

José Massaroli – Dibujante:

¿Viste la serie?  ¿Cuál es tu opinión sobre ella?

    Sí, claro, como correspondía: todas las noches al pie del televisor, con la familia, para comentarla después. Una especie de ritual o ceremonia. Eso sí: ¡se nos hacían muy cortos los episodios!

A mí me parece un gran primer paso en la instalación del mundo de la historieta como tema. Se podrán hacer otras historias, mejores o peores, pero a Germán... nadie le quita el mérito de ser  la que abrió la puerta. Personalmente, me gustaría una historia más realista, más cercana a la verdadera historia de los últimos días de Oesterheld, pero me doy cuenta que todavía las heridas están muy frescas y sería muy duro para los que lo conocieron. La manera en que el tema fue tratado aquí es novedosa, poética, de gran calidad. Personajes como Santos o Connor se vuelven entrañables, humanos. Solá hace un gran trabajo, aunque no puedo evitar recordar que Oesterheld no se le parecía mucho. Solá es el Oesterheld que nos hubiera gustado, más que el real. Bueno, ésa es la función de toda ficción, ¿no?

¿Te  pidieron alguna especie de contribución o asesoramiento para la serie?

    Empecé a contribuir mucho antes de la filmación, gracias a mi amigo, el animador Natalio Zirulnik, que me recomendó cuando Roberta González, de Makka Producciones le preguntó si conocía algún dibujante de Columba. Asistí a una reunión en la productora, donde conocí al guionista, Luciano Saracino, y a otros miembros del equipo. Me interrogaron a fondo sobre cómo era Columba, cómo se trabajaba, qué podía contarles de Oesterheld, de quien dibujé unos cuantos guiones, en fin, todo lo que pudiera servirles para la reconstrucción del lugar y la época en que transcurriría la serie. Me pareció una gran idea y ofrecí colaborar en todo lo que necsitaran. Tiempó después, cuando el proyecto había ganado el premio del INCAA, me vuelven a llamar y me encargan dibujos para ambientar la editorial. Me sorprendió encontrarme con una oficina llena de tableros, lámparas y cosas de la época, comienzos de los '70s, que daban una impresión muy vívida, como un viaje en el tiempo.

    Fue así como dibujé páginas completas a lápiz ¡a la medida de los antiguos originales de Columba, que eran muy grandes!, con los temas que necesitaban: western, guerra, policial, etc. incluso alguna escena bastante desgarradora de un jorobado con una princesa muerta, un poco inspirada en el Nekrodamus de Oesterheld. Era un poco volver a vivir la época en que trabajé en Columba, que eran casi mis comienzos, y por otro, sentirme parte de un homenaje a un hombre que sufrió pérdidas terribles y dio su vida por lo que creía. Eso me hizo trabajar con mucho respeto. Yo había hablado algunas veces con Oesterheld y siempre lo recordé como un tipo humilde, sencillo, querible, un poco como era mi abuelo. Ahora me resulta extraño recordar que lo veía como un anciano y me doy cuenta que al desaparecer, secuestrado por la dictadura,  él tenía dos años menos que yo.

También tuve el gusto de ver páginas que yo había hecho como muestra y presentado en Columba cuando trataba de entrar, copiando a Medrano o a Lito Fernández, pegadas en las paredes de la editorial ficticia que, recordemos, no tiene nombre en la serie. No es una reproducción de Columba, sino una mezcla ideal de Columba y Record. Ellos escucharon todo lo que yo les conté, hablaron también con Zappietro y Meriggi, peo al final hicieron lo que convenía al relato, que era una ficción muy libre, una idealización, diría.

Conocí personalmente a Miguel Ángel Solá, un capo, y a los otros actores, que me preguntaron muchas cosas con el mismo interés por ese mundo que desconocían, que el que sentía yo por ver cómo filmaban cómo preparaban las escenas. Ahora me doy cuenta que al presentarme, el primer día de filmación, empezamos a charlar mientras yo trataba de dibujar la pluma que aparece en el primer episodio, y me resultaba natural la forma en que estaban vestidos, hasta que apareció Gabriel Fernández con pipa y moñito (el guionista Connors) y no se me ocurría que estaban caracterizados como los personajes, creían que eran así, medio excéntricos para vestirse...

Lo único que lamento es que el día en que hubiera podido aparecer en escena, en el último episodio, me llaman y yo estaba en Comodoro Rivadavia, participando del festival Al Sur del Sur, organizado por La Duendes. Cuando volví, ya era tarde. Fue un final muy fuerte. La historia fue levantando constantemente hasta llegar a un climax de mucha intensidad, muy emotivo.

¿Como era trabajar para una editorial de historietas?

    Era la meta de todo principiante. ¡Columba era La Meca! El lugar donde todos queríamos estar. Luego, con el tiempo, entrabas en una especie de rutina de entregar una, dos o tres historietas por mes los jueves antes del cuarto martes, ir a cobrar el cuarto martes y encontrarte con los amigos y colegas, ir a buscar las revistas al depósito y terminar comiendo un puchero de gallina en el boliche de la vuelta con Szilagyi, Mulko, Gil y otros.

Era también forcejear constantemente con Antonio Presa, el director de arte, quien se empecinaba en que los “nuevos” copiáramos a los “consagrados” (Lito Fernández, Olivera, Casalla, Vogt, Villagrán, Medrano, etc.). Uno trataba de ir creando su propio estilo a pesar de la consigna “no copie, calque”, que fue una de las frases que le pasé a Claudio Rissi (¡un actorazo!) y me dio una gran alegría cuando se la oí decir en la serie.

¿Existía una preferencia por Oesterheld  o algún otro  guionista en la editorial?

La estrella era Robin Wood, lejos. Había otros buenos guionistas, como Morhain, Mazzino o Albiac. Oesterheld no tenía muchas oportunidades de lucirse porque le habían dado el trabajo de continuar series ya comenzadas por otros guionistas o de relleno. Creo que a él no le interesaba desplegar su creatividad allí, sólo ganarse el pan mientras esperaba una mejor oportunidad, que se le dio cuando entró en Record y allí sí pudo hacer cosas memorables de nuevo, como la segunda parte de El Eternauta.

    En Columba yo le dibujé unos cuantos episodios de Haakon y de Tres x la Ley. La primera serie era una creación original de HGO, y estaba buena, tenía elementos novedosos, como un vikingo que revive y resulta que había sido el creador del king fu en la antigua China, terminando como maestro de artes marciales en Nueva York. La habían empezado Lito Fernández y Szilagyi, quien le dio al personaje de Erik la cara de Favalli, el del Eternauta, como un homenaje.

¿Los dibujantes eran menos valorados que los guionistas como muestra la serie?

    Creo que no. Todo dependía de qué dibujante y qué guionista. Los dibujantes que nos ponían como modelos, antes citados, eran muy respetados y ganaban muy bien.  Es cierto que por momentos parecía que Robin era el dueño de la editorial... había una especie de fascinación con él, como que estaba en otra dimensión que los demás.

¿Te gustaría que volviese una editorial de historietas de ese calibre en Argentina?

    ¡Por supuesto! Tanto si yo pudiera colaborar como si no, porque sería muy importante para todos los que nos dedicamos a esto. Con todas las críticas que se le puedan hacer Columba, algunas de ellas con razón y otras no, es innegable que no sólo era la mayor fuente de trabajo para los profesionales de la historieta nacional, sino que pagaba regularmente, cosa que no siempre ocurre en nuestro medio, y además terminó creando una manera de hacer historietas propia, perfectamente identificable, que no se ha repetido desde entonces. Se han republicado historietas de Columba con las letras cambiadas y para mí que pierden algo, ese sello inconfundible que tenían con las letras originales, con ese blanco y negro que a veces era sepia y hasta azul! Por otro lado, la exigencia de un nivel bastante alto de calidad obligaba a estudiar y perfeccionarse, cosa que hoy la facilidad de publicar via internet ya no le parece tan necesaria a muchos nuevos valores.  Volviendo a tu pregunta: La historieta en papel es irreemplazable. ¡Ojalá aparezca el editor capaz de jugarse por la historieta nacional! Los dibujantes y guionistas, estamos listos.  





1 comentario:

  1. Portentoso el diálogo y espectacular la yapa (o "bonus") como se dice ahora de Morhain y Massaroli.

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