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miércoles, 13 de febrero de 2013

Gustavo Schimpp – Guionista y Editor de Historietas




Invitado de Hoy: Gustavo Schimpp – Guionista  y Editor de Historietas
 

 

 

Hola ¿Quién eres? Preséntate con tus palabras, por favor.
 
Hola. Mi nombre es Gustavo Schimpp. En realidad, mis padres me bautizaron como Gustavo Adolfo y, según a quién le preguntaras, mi segundo nombre era por el de mi papá o por el escritor Gustavo Adolfo Becquer. Lo triste fue descubrir por qué mi abuelo le puso ese nombre a mi viejo. Encima, Hitler se “suicidó” el mismo día que mi viejo cumplía siete años. Soy descendiente de los llamados Alemanes del Volga, por lo que llevo en los genes el sentimiento de desarraigo, como que no encajo en ningún sitio. Pero tranquilo, lo sigo tratando en terapia, . De hecho, hasta hace unos años, vivía saltando de alquiler en alquiler. Además de escribir guiones de historietas, en estos 27 años he hecho casi de todo: fui vendedor, técnico de fotocopiadoras, conductor de radio, vendedor de seguros, vendedor de libros, de ropa, técnico de máquinas de escribir, administrativo en oficina de turismo, editor de video, camarógrafo, operador de radio, y un largo etcétera. Siempre escribiendo. Primero como una segunda fuente de ingresos. Luego pude darme el gusto de dedicarme sólo a las historietas.


Qué peculiar lo que contás sobre tu nombre, pero es bueno lo que decís a continuación. Es difícil encontrar un trabajo que nos permita continuar en el mundo de la Historieta. ¿Cómo empezaste a aficionarte a los comics?

 
Esa fue una sorpresa para mí. Resulta que de chico tenía un vecino, Luis, que era taxista. El hombre compraba todas las revistas de Columba, y más tarde, las de Récord. Siempre creí que llegaban a nuestra casa porque las prestaba para que yo las leyera. Recuerdo que las “leía” aún antes de saber leer y eran una presencia constante en mi casa. Creo que gracias a esas revistas, aprendí bastante de historia. No porque me lo enseñaran las revistas, sino porque me despertaron la curiosidad de comprobar que lo que allí se decía fuera más o menos cierto. Con el paso del tiempo, empecé a leer de todo. Desde clásicos de la literatura, hasta la llamada literatura ligera, y desde los Patoruzito hasta Metal Hurlant.
Pero como te decía, yo estaba convencido de que me las prestaban a mí. Pero hace unos años, visitando a una tía en el pueblo donde nació mi viejo con motivo de mi investigación genealógica (mi viejo falleció en el 2002, así que ella era uno de los pocos miembros de la familia que podía darme información), descubrí que mi viejo, en su infancia, devoraba las historietas de Misterix, Rayo Rojo, Cinemisterio, incluso las de Editorial Frontera. Cerca de los 20 coleccionaba las de Novaro. Al oír esto, recordé algunas imágenes de mi propia infancia, visitando a esta misma tía y mirando unas viejas Superman. Así que ese vecino no me prestaba a mí las revistas, ¡se las prestaba a mi viejo! Yo las leía de rebote, jaja.


Siempre me gusta mencionar a Metal Hurlant porque la conocí en una época en la que era imposible encontrar ciertos temas en la Historieta. Bueno, antes de la FIERRO.

¿Y cuando sentiste el impulso de escribir guiones?

Supongo que el impulso de escribir lo sentí desde siempre. En la escuela, mis maestras elogiaban la imaginación que desplegaba en las composiciones de tema libre. Y en mi familia, decían que había heredado la afición de mi abuelo paterno, quien a causa de un accidente se vio obligado a guardar reposo y para no aburrirse comenzó a escribir para un diario de la región. En ese entonces había empezado a leer una colección de Kapeluz que me gustaba y comencé a escribir las aventuras de mi muñeco favorito que, creo, era un Temerario. Años después se me ocurrió ilustrarlas. Y en septiembre de 1981 conocí a El Eternauta. Fue instantáneo. ¡Eso quiero hacer yo! ¡Quiero escribir guiones de historieta! A mediados de 1984 tuve una reunión con Juan Zanotto en las oficinas de Ediciones Récord, y me dijo que mi estilo era bastante comercial. Claro que en ese momento me echaron flit, pero tres años después obtuve el segundo premio del concurso realizado por la revista D’Artagnan y puedo decir que comenzó mi carrera profesional.



 

 

 

O sea que primero fuiste a Record y después a Columba, ja, ja. Yo empecé a leer Skorpio en el 83 cuando reeditaban el Eternauta. Y te entiendo porque esa historia tiene una cosa que provoca como un quiebre. A pesar de ser ciencia ficción da la impresión que cualquiera de nosotros puede ser el protagonista. No hay ningún Luke Skywalker que sólo podemos encontrar en la imaginación. Favalli o Franco son personas que todos alguna vez conocimos. ¿Cómo fue la experiencia de ese premio?

Imaginate: había conseguido que se me abriera una puerta. No era la que más quería, porque en ese momento mis gustos ya no iban por el lado de Columba. Después de Skorpio, de Fierro y de las españolas que llegaban al país, Columba había pasado a ser un buen recuerdo de la infancia. Pero también quería escribir y ver mi nombre en las revistas. Por eso rechacé la propuesta de escribir como ayudante de Robin Wood, el cual parecía ser el camino más fácil. Antonio Presa me citó para explicarme que tipos de historias esperaban de mí, sobre que temas podía escribir y luego me derivó a Manuel Morini para que fuera mi tutor. Recuerdo que me entregaron un libro para que realizara la adaptación. Un libro de Ile Nastase sobre un asesino en la copa del Grand Slam. Jamás la terminé y en cuanto supe que Récord buscaba nuevos guionistas, me tiré de cabeza. Pero que no se malentienda, no reniego de aquello. Todo lo contrario.



 


¿Qué temas te gusta abordar en tus guiones?

Como gustarme, me gusta la ciencia ficción y la fantasía. Siempre en tono de aventura, claro. Nada de búsquedas introspectivas. Al menos, en el ámbito comercial. Al principio me costó mucho adaptarme a las condiciones editoriales que, a modo de filtro, te pedían escribir policiales urbanos. De a poco fui mezclándolos con realismo mágico hasta poder escribir sobre los temas que me agradan.
Últimamente me siento atraído por la ficción histórica y, como la ciencia ficción sigue siendo uno de mis temas favoritos, empecé con ucronías. Ahora estoy proyectando todo un universo Steampunk en el cual pienso desarrollar varias historias. Algunas conectadas entre sí, otras no.


¿Cuál es tu aspiración? ¿Fama?


Jaja. Cuando tenía 18 años soñaba con tener fama, renombre y codearme con los grandes artistas que admiraba en las revistas. Salvo el renombre, todo lo demás se cumplió (aunque la fama es bastante modesta, pero me satisface). Hoy sólo quiero contar historias y vivir de ello. Te puedo asegurar que no hay nada mejor que vivir de lo que a uno le gusta hacer con el alma.


 ¡Por supuesto! ¿Qué es lo que te hace juzgar si un guión es bueno o malo?

 
¿De los que yo escribo? Bueno, naturalmente eso es muy subjetivo. Muchos me han elogiado guiones que a mí no me parecieron gran cosa y pasaron desapercibidos otros que para mí eran lo máximo. Es más, una serie para Italia que dibujó Horacio Vila a los dos nos parecía bastante buena (tampoco la voy a tildar de excelente, vamos). Pero el público italiano quizás no comprendió lo que queríamos decir al hacer una ciencia ficción retro tipo años ’50 y la calificó de lo peor que se había publicado en la historia de la editorial .
Generalmente considero bueno un guión cuando me gusta, cuando me genera la adrenalina suficiente para no detenerme hasta el final. Y lo mismo cuando leo un guión de otro.


 

 
¿Estás de acuerdo con los filtros de edición? ¿Quién debería realizarlos?

Si, estoy de acuerdo. Y no los considero censura siempre y cuando sean acordados previamente. Cada editorial tiene una serie de planteamientos sobre cómo tratar algunos temas, sobre todo si van dirigidos a un público adulto o a uno preadolescente. En cuanto a quién debería realizarlos, no me parece descabellado que lo haga personal idóneo de la propia editorial, siempre que el autor sea consultado para no estropear el mensaje que desea transmitir.


¿Qué opinas de los neologismos?


Me pasa algo curioso. Básicamente, los detesto. Pero comprendo que, en muchos casos, resultan útiles para transmitir algunas ideas y/o acciones típicas de la era tecnológica que vivimos. Además, en historieta, ahorrar palabras es muy importante.


¿Qué es la Historieta para vos?


Uh… Para mí la historieta es el nuevo paradigma de comunicación. Fijate que las tendencias modernas de marketing y publicidad apelan a los íconos, apoyándose en ese cliché de “una imagen vale por mil palabras”. Del mismo modo los directores de cine utilizan historietas que les ayudan a plantear los enfoques de cámara y el ritmo narrativo.
En lo particular, la historieta ha sido para mí el salvavidas de mi vida. No tuve una infancia ideal, mucho menos una adolescencia que pueda llamarse “normal”.  Yo me encerré en el mundo fantástico que me brindaban los libros y la historieta, imaginando que un día viviría de ello y sería yo el que se reiría de quienes se me burlaban por perder el tiempo con esos “dibujitos”.


 


 
¿Qué opinas de los dibujantes?

Bueno, desde mi experiencia te puedo decir que he tenido mucha suerte. Desde mi primer encuentro con Zanotto, jamás me topé con alguien que ahorrara consejos. Con Alcatena trabamos una amistad muchísimo antes que ideáramos una historieta juntos. Su filosofía de trabajo fue una gran, y positiva, influencia para mí. Su minuciosidad en la documentación. De Alberto Salinas tomé el gusto por el rigor histórico (aunque yo me permito cierta flexibilidad a la hora de contar una ficción). También tuve la suerte de ver mis guiones dibujados por esos genios que leía antes de ser guionista y de todos aprendí algo, a nivel profesional o personal. Y a varios los puedo llamar amigos.


¿Cuál de tus guiones te es más querido? ¿Por qué?


Uf, unos cuantos. Pero los que más satisfacciones me dieron son un unitario que originalmente había escrito para HACHA y que acabó publicado en Italia con dibujos de Gerardo Canelo. Se llamaba “Réquiem para un alma atormentada” y mostraba una variante a la biografía de Ludwig von Beethoven. Hace poco fue publicada en el blog de Historieta Patagónica.
Después están los que escribí para  Alcatena: historias sobre mitos de los indios de los Grandes Lagos de Norte América; sobre mitos del Japón; un unitario basado en los cuentos de Lovecraft al que Quique le adjudicó el rostro de Vincent Price. Por último la que, a mí parecer, me dio una satisfacción enorme: la saga de Daniel Boone. Saga que primero fue planteada como una ucronía, pero que, junto a otra historia escrita para Gabriel Rearte, fueron el germen de ese universo Steampunk del que hablaba antes. Además, si la otra serie no fue del gusto del lector italiano, la saga de Daniel Boone fue recibida con gran aceptación. Y algunos lectores mimaron mi ego comparándome con Ricardo Barreiro, debido al derroche imaginativo que mostraba cada capítulo.
También hay uno inédito, dibujado por Horacio Lalia y basado en un cuento de vampiros con un contenido muy pobre, pero que me permitió investigar un poco sobre Oscar Wilde y un ilustrador que trabajo con él. Los planté en un fumadero de opio y la historia salió espectacular. Incluso en un programa de canal Encuentro en que le hacen un reportaje a Lalia, pueden verse algunas páginas de esa historia.


¡Que groso que te comparen con Barreiro! A mí a veces me recordás a Balcarce, pero tenés tu propia manera de hacer las cosas, je, je. Hablando también de dibujantes ¿Cómo es tu relación con ellos? ¿Hay una dupla donde te hayas sentido más a gusto?

 
Si, cuando leí el comentario en un foro italiano, casi me meo encima, jajaja. Pero no me lo creo, no viendo mi producción en su totalidad. Todos tenemos altas y bajas en la calidad de nuestros trabajos, pero “el loco” era bueno aún cuando te sacaba un guión sólo por oficio. Después me gustaría saber por qué te recuerdo a Balcarce. Es un autor que me gusta, y que no hace mucho tuve la suerte de conocer personalmente, pero yo no logro ver el parecido, jeje.
La relación que tengo con los dibujantes es excelente. Eso cuando se da el milagroso caso de idear una historia juntos. Trabajando para Columba o Récord, muchas veces no sabía quien terminaba dibujando mis guiones. Pero cuando nos juntamos con Horacio Lalia, con Alcatena, con García Durán, Horacio Vila, con Sergio Ibañez (en una historia inédita de la que escribí sólo un capítulo después de mi segundo paso por Columba), con Marcelo Valentini… con todos ellos me sentí a gusto porque o yo me explicaba muy bien o ellos captaban a la perfección lo que yo tenía en la cabeza.
Es difícil decir con quien me sentí más a gusto. Con el paso de los años, creo que con quien mejor trabajé fue con Ariel Rodríguez. Éramos simbióticos: yo no necesitaba explicarle demasiado y él me sorprendía con más de lo que yo había imaginado. Había una magia que creo se comenzó a perder a medida que me involucré más con las exigencias del mundo editorial. Hoy quisiera recuperar esa libertad de hacer lo que se me antoje. Y estoy en eso.

 


¿Crees que hay lectores para lo que escribís?
 
Si, creo que si. Algunos me han dicho que mis historias son raras. Imagino que eso se debe a que trato de contar cosas que me gustarían leer. Si bien respeto la mayoría de los lineamientos comerciales, me gusta muchísimo condimentarlos con detalles y referencias al cine, a la TV y a la literatura. No creo que a la gran masa le gusten mis guiones, pero evidentemente son suficientes para que me sigan publicando, jajaja.


¿Tienes un e-zine favorito?


En algún momento seguí AXXON, pero a la larga termino abandonando las colecciones por falta de constancia. Quizás si me involucrara en uno, sería más atento a eso.


¿Qué recordás de tu paso por HACHA?


HACHA, ¡que experiencia! Recuerdo que Columba cerraba. Skorpio no salía más. De pronto Morhain y García Durán lanzan la convocatoria a realizar una suerte de cooperativa donde los propios guionistas y dibujantes serían editores de revistas. Una de las primeras reuniones se hicieron en el Museo de la Policía Federal, gracias a Zapietro. Creo que sólo faltaron los que estaban en el exterior. Los que estuvieron de acuerdo se comprometieron a presentar bocetos de historias. Pero el compromiso era difícil para quienes habían trabajado con la seguridad de un editor pagando regularmente el trabajo y lanzarse a la aventura de una cooperativa donde había que trabajar y, quizás, hasta poner plata encima no resultaba atractivo. Así que se formaron cuatro equipos, con cuatro historias.
Para el tercer número quedaba un espacio de 4 páginas y escribí un guión para Ariel Rodríguez. Ese mismo número fue el último de Slavich y me proponen escribirle los guiones a Lalia. Así nació Belzarek.
Después me involucré más en los temas de publicidad, de imprenta, de diseño y aprendí mucho sobre esa parte de las revistas. Tanto que en el ’98 edité Cabeza de Gorgona.







 


 

¿Hay algún guionista contemporáneo que sigas?

Que siga a pie juntillas, no. Para ser honesto, ya no compro historietas. Salvo algunos emprendimientos nacionales o cosas que me gusten muchísimo. Yo leo y, sobre todo, miro mucho material bajado de Internet. Una para no llevarme una desagradable sorpresa al comprar algo y que termine no gustándome, y otra porque me resultaría muy costoso conseguir tanto material. Me gustan guionistas como Alan Moore, Grant Morrison, Kurt Busiek, Ricardo Barreiro, el propio Balcarce, Mazzitelli. Pero no los sigo en el sentido de analizar su estilo y esas cosas.


¿Cuál es tu guionista favorito?

 
Decidirme por uno es imposible. Honestamente, todos los que me gustan son mis favoritos, porque algo de ellos aprendí. Imagino que te estás preguntando cuáles me gustan. Crecí buscando las historias de Robin Wood. Luego vino Oesterheld y Barreiro. Ferrari me gusta porque a veces me deja con la sensación de no haber comprendido del todo lo que contó. Fuera de broma. Y también Mazzitelli. Tiene una capacidad increíble de incluir poesía, cinismo y sarcasmo en sus historias. Además de una dosis de humor, claro. Balcarce me gusta por su crudeza al reflejar la violencia. Y así puedo seguir enumerando a muchos más.


¿Según tu parecer, Los guionistas de historieta colaboran entre sí o son individuos aislados?

 
Según mi experiencia son individuos aislados que llegado el momento colaboran entre sí. Al menos con quienes comparto algo cercano a la amistad, no nos guardamos consejos, datos, o incluso nos recomendamos ante el desafío que nos puede presentar un dibujante que tiene ganas de dibujar algo específico.


¿Es importante la divulgación de las novedades sobre comics?

 
Si, por supuesto. Sobre todo en Argentina, donde no parece poderse invertir en publicidad. Hoy las redes sociales permiten estrategias de marketing imposibles de imaginar hace diez años y no resulta descabellado pensar en una autoedición online donde hasta se pueda generar dinero.


¿Qué opinás de la autoedición?


Estoy totalmente a favor, aunque tiene ciertas desventajas. Desde luego que hay gente que opina que autoeditarse significa que sos tan malo escribiendo, o dibujando, que ninguna editorial ve el negocio de publicarte. Sin embargo, la autoedición te permite explorar temas, formas narrativas que la gran fábrica de chorizos industriales no te deja. Hay excepciones, claro. Pero esos autores surgieron en editoriales con una mentalidad vanguardista, alejadas del llamado “mainstream”. De repente el público mainstream los descubrió, gusto de ellos, y ahora tiene permitido todo para publicar. Se podría decir que, con su estilo o sin esfuerzo, se han vuelto paradigmas del mainstream.
Creo que en la actualidad el público busca lecturas que no sean “más de lo mismo”. Y esas historias surgen casi naturalmente desde las autoediciones.
Creo que la habilidad de un buen guionista es aprender a manejarse en ambos mundos: el “mainstream” y el llamado cómic de autor


¿Te animás a opinar sobre algún editor que te haya publicado? ¿O no te haya publicado?


Bueno, todo depende de lo que quieras oír, jajaja. En general, la opinión de los editores que me publicaron es buena. En Argentina trabajé con Scutti y con Columba. Y a pesar de las cosas que se dicen, yo siempre mantuve una buena relación con ambos. Con Columba tuve un problema de censura cuando escribía una ficción basada en la vida de Manuela Sáenz, la amante de Bolívar. En un momento ella conocía a Rosa Campusano, por entonces amante de San Martín en Lima. “Al padre de la patria no se lo toca, no queremos tener problemas con el Instituto Sanmartiniano”, dijeron. 17 años después a nadie le asombra que nuestros próceres también hayan sido hombres.
También tuve un fugaz paso por Gárgola y Thalos. Y fue en Thalos que tuve una diferencia de opiniones con Rubén Meriggi y pedí que no me publicaran más puesto que, no sólo no cobré mis trabajos, sino que modificaban el texto de las viñetas. Ojo, esto no significa que me haya peleado con él ni nada por el estilo. Me gustaría creer que ambos lo tomamos como personas adultas y maduras.


También viviste la experiencia de ser editor ¿Qué podés contar sobre eso?


Si, es cierto. Como te decía antes, fue gracias a todo lo que aprendí con el cuarto y quinto número de HACHA. Cabeza de Gorgona tenía la intención de explorar la fantasía heroica y nace como una necesidad de seguir contando historias tras abandonar el proyecto HACHA. De  hecho la mayoría de los autores son los mismos. Esa revista estuvo muy cerca de no ver la luz porque en esa época, Quique Alcatena estuvo muy mal de salud. Por suerte se recuperó y seguimos adelante.
Después hubo otro intento llamado Los Atlantes, que era algo loco porque planteábamos un argumento y lo dividíamos en cuatro episodios. Y cada episodio lo escribía alguien distinto, lo dibujaba alguien distinto y se hacía al mismo tiempo. Una locura, jaja.


¿Ves televisión?

 
Si, mucha. Me gusta analizar cómo estructuran los guiones, cómo hilvanan las tramas y las subtramas. Actualmente sigo con mucho interés House M.D., Dark Blue, In plain Sight. Y extraño las de ciencia ficción… las buenas, jaja. Por suerte han vuelto: Fringe, Haven y la fallida Terranova me parecen interesantes.


¿Qué opinas sobre los adelantos tecnológicos en la vida diaria?

 
Hay cosas que son, simplemente, maravillosas. A otras me cuesta encontrarle una utilidad. No se, no puedo usar una agenda electrónica por ejemplo. Necesito tener mis contactos en un papel. Pero ya no podría vivir sin computadoras o sin Internet.


¿Qué pensás de las nuevas formas de comunicación? ¿Y las redes sociales?


Me interesan. Creo que más allá del uso casi exclusivo que se les atribuye a los adolescentes, las redes sociales pueden ser una seria competencia a los medios de comunicación tradicionales porque, desde mi punto de vista, permiten no solo la promoción y difusión, sino que otorgan una excelente herramienta de fidelización.


Ahora los chicos siguen aventuras a través de juegos de video o historias en cine condicionadas por el merchandising ¿Pensás que eso reemplazará a la literatura tradicional?

 
No, no lo creo. Si bien esa parece ser la tendencia, te puedo asegurar que el interés que a mi generación le despertó la historieta por la literatura y la historia, hoy lo logran los videojuegos. Eso lo puedo ver en la Biblioteca Popular donde soy miembro de la Comisión Directiva. Los jóvenes van a leer. Muchos empiezan por Harry Potter o Crepúsculo y al cabo de un año estaban solicitando a Galeano.


¿Por  que pensás que en la opinión general, los comics son cosas de baja calidad o sólo para niños?

 
Porque así nació y porque a la gente le gusta encasillar todo. Yo puedo ganar fortunas escribiendo guiones, pero a la mayoría le cuesta comprender que ESE es mi trabajo. De todas formas, esa generalización de la que hablas, no se da en todo el mundo y, es más, creo que está tornándose obsoleta en Argentina.


¿Imaginás que algún día conquistaremos el espacio como en Star Trek?


No. No cómo en Star Trek, al menos. Hay instintos básicos que nunca cambiarán. La codicia, por ejemplo, existirá aunque haya abundancia de todo. Y la codicia trae conflictos dramáticos.


Si hubiese un holocausto climático o ecológico ¿Qué harías?


Lo mismo que el resto, supongo. Tratar de sobrevivir junto a mi familia. Luego adaptarme. 


¿Cuál es tu película de comics favorita?

 
Hmm… Ninguna, en realidad. No las he visto todas, pero si es obligatorio elegir una, elegiría Scott Pilgrim contra el mundo y la trilogía de Nolan sobre Batman.


No no es obligatorio decir nada, je, je. ¿Crees que los guionistas de comics son nerds o ratones de biblioteca despegados de la realidad?

 
No, creo que son algo Nerds y ratones de biblioteca pero muy pegados a la realidad. Puede ser, eso si, que no vean la realidad de la misma manera que el resto de los mortales que carecen del don artístico.


¿Cuál fue el último comic que leíste? 

 
“La burbuja de Bertold”, de Diego Agrimbau y Gabriel Ippoliti. A Diego le agradezco que pensara que mis palabras le resultarán útiles. Ahora estoy muy interesado en “Eden Hotel”, de la misma dupla.


¿Y cuáles son tus proyectos futuros? ¿Podés contar algo sobre eso?


Te puedo contar que no tengo claro que haré en el futuro. Tengo algunos proyectos dándome vueltas en la cabeza. Uno lo comencé con Marcelo Valentini, pero está en stand by por mi culpa. Estos dos últimos años me han pasado cosas a nivel personal que me tienen un poco bloqueado. Sebastián Rizzo me pidió un guión para su personaje Carlitos. Tengo ganas de hacer algo con Javier Solar, pero siempre que hablamos la cosa se pincha por H o por B. También hay algunos amigos dibujantes que me han pedido algún guión y todavía estoy en deuda. Por ahora escribo artículos para la web, por encargo. Incluso escribo en uno sobre historieta. En ese estoy muy a gusto y he comenzado a imitarte haciendo entrevistas.
Y por ahí, algún proyecto vea la luz con alguno de los entrevistados. El tiempo dirá.


¿Pensás que alguien leerá este diálogo?

 
Por supuesto. Ambos ponemos un enlace en Facebook invitando a nuestros amigos a leerlo y al menos la mitad seguro lo leen .


4 comentarios:

  1. Mejor, sin comentarios. jajaj (chiste). Gustavo es un tipo excepcional y yo lo considero mi amigo.

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  2. Que bueno leer esta nota...No se si él lo sabe pero quiero mucho a Gustavo. Nos juntamos varias veces con motivo del Dia H, ya que trabajamos juntos en aquel memorable primer encuentro del Plaza Defensa. Y es verdad, no escatima consejos ni "trucos" a la hora de darlos. Como se diría vulgarmente, un CAPO!

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