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lunes, 30 de septiembre de 2013

Nueva Visita de Carlos Ab Morales


Nueva Visita de Carlos "Ab" Morales – Escritor - Coordinador de Planeta X







M.C.Carper: Han pasado un par de años desde tu anterior visita a este barcito del blog Diálogos. Es un gusto tenerte de nuevo aquí. Hablemos de CF, ¿Te parece? Es nuestro tema, ja, ja. ¿Qué estás leyendo en estos días? ¿Tenés algún libro para recomendar?

 
Ab: Hace rato que no leo nada nuevo de CF. Me dedico más a otros géneros. Sí releí en este último par de meses (estuve recuperándome de un accidente, y con algo de tiempo para gastar) un par de libros que tenía flojos en mi recuerdo: la novela Nuestros amigos de Frolik 8, de P. K. Dick, y El juego de la rata y el dragón, de Cordwainer Smith, una serie de cuentos. Tranquilamente podría recomendar éste último, si no fuera porque ya es bien conocido. Ah, sí: los he ido mechando con unos cuentos cubanos de CF que me envió una amiga, una antología llamada Crónicas del mañana.


M.C.: ¿Cuáles son tus criterios para recomendar un libro de CF?

 
Ab: Bueno, eso depende de quién me pregunte. Me planteo qué recomendar a la persona específica. Si es un lector novato, le recomiendo una cosa; si es uno avezado, otra. Y si charlo con un escritor al que he leído, busco sugerirle textos que le sirvan de ejemplo para reforzar lo que yo crea que tiene de flojo.


M.C.: O sea que me recomendás el libro a mí. Bien. Ya leí “Nuestros amigos…” Pero a Cordwainer Smith apenas lo he leído y me lo han recomendado muchísimo, no lo tengo leído por ocupar el tiempo en otras cosas. 

 
Ab: Es un tipo de mucha imaginación, sobre todo desde el punto descriptivo. Yo creo que te darían ganas de empuñar la birome negra y tirarte unos bocetos más de una vez.


M.C.: Muchas veces leí y también he escuchado que se buscan nuevos temas en los argumentos. Siempre hablando de CF, claro. Es cierto que la ciencia aporta novedades. Pero en mi experiencia el noventa por ciento de esas noticias ya fueron imaginadas en mayor o menor medida por otros escritores de CF. 

 
Ab: Sí, estoy de acuerdo.


M.C.: Nosotros especulamos sobre biotecnología, viajes espaciales, viajes temporales, seres artificiales, fenómenos cuánticos, gobiernos galácticos, etc., etc., etc. No veo mal que se retomen argumentos desde diferentes visiones, es más diría que lo disfruto. ¿Vos conoces algún escritor que haga relatos CF con temas que nadie haya tratado antes?

 
Ab: No. Ni yo lo hago. Y eso que conozco unos cuantos temas que no suelen tratarse: la homosexualidad, la desigualdad, la condición de locura, la decadencia genética, la educación divorciada de la naturaleza, etc. Hay un montón de temas que no se han tratado mucho. Ahora bien, no creo que la historia de un escritor, sea o no de CF, pase por escribir sobre "aquello de lo que no se habla". Un escritor escribe sobre lo que le viene en gana, o sobre lo que necesita hablar. Y las necesidades de cualquier escritor suelen ser muy humanas, comunes y corrientes. Además, plantear hipótesis novedosas trae dos inconvenientes: al lector puede muy bien no interesarle el tema, y un tema novedoso exige del escritor un esquema coherente y completo de presentación del asunto, para no caer en el "síndrome Stephen King".


M.C.:¿Qué es el síndrome Stephen King, amigo?

 
Ab: King es un gran propagandista, un gran vendedor. La escritura de King es absorbente en su intriga, a tal punto que a uno le cuesta levantar el culo de la silla; en eso el tipo es excelente. Pero sus finales suelen ser decepcionantes. Yo nunca releí un libro de King; son lo que se llama "one-shot stories", cuentos de una sola vez. Muy a menudo me sentí engañado por él. Recuerdo un libro en particular, que fue el que me impulsó a decir "yo a este tipo no lo leo más": La tormenta del siglo, que viene a ser el guión de un filme. La historia es atrapante, con un asesino implacable que parece ejercer alguna venganza, en un entorno realista bien llevado. Y termina resultando un ángel vengador o algo así, plagado de poderes estilo Súperman, con motivos delirantes y fuera de todo sentido. Una porquería. Es el único libro en mi vida que arrojé a la basura: no quería someter a otra persona a la misma condena.


M.C.: Otra cosa que he leído últimamente es que la Cf es anticuada. Lo leí en un artículo de un diario hace muy poco. Que comercialmente no reditúa. Se prefiere apostar por el género fantástico porque tiene mejor recepción con el público. Hablan del fenómeno Harry Potter, SdlA y de series como Grimm. Sin embargo, veo que se gasta mucho dinero en realizar películas como Moon, The Surrogates, Solaris, La Otra tierra, Los Agentes del Destino, Avatar, Prometeo, la lista es larguísima. ¿Cómo entendés esta contradicción?

 
Ab: Bueno, es que no hay contradicción. Esas que mencionás tienen toda la parafernalia de la CF, pero sus guiones son de fantasía. Es mucho más sencillo escribir un guión de fantasía que uno de pura CF: si a mitad de camino la cosa se te complica, el héroe de fantasía siempre puede descubrir un "poder" nuevo que soluciona el asunto, o puede aparecer un dragón sabio que le resuelva el acertijo. X-Men es pura fantasía, por ejemplo; de CF no tiene nada más que los trajes de los protagonistas, como mucho. En la CF, en cambio, el esquema tiene que ser plausible desde el inicio. Tal como dice Niven, el único género que guarda parecido con la CF es el género policial de detectives: las pruebas que se van dando a medida que avanza la trama deben ser plausibles, estar todas concatenadas y hacer eclosión en el final, sin sorpresas descolgadas tipo "deus ex machina". Una buena obra de CF es, entonces, un gran rompecabezas para el escritor y para el lector; eso no conviene al espectáculo, porque la gran mayoría de las personas no están interesadas en pensar al ir al cine, y los productores tampoco están interesados en volver más inteligentes a sus consumidores.


M.C.: Sí, tenés razón en lo que decís. También pienso que los intereses que rodean a la producción de una película en comparación de los intereses de un escritor para contar una historia son muy diferentes. Ahora, claro que una película es una manera de contar enfocada en el entretenimiento, el escapismo y la recaudación de taquilla. Se invierte mucho tiempo y dinero para atrapar al consumidor para que gaste con placer su dinero en libros de fotos, DVDs, Cd de bandas sonoras, en ediciones extendidas, en muñequitos, video juegos, tazas, ropa y disfraces. Todo esto se aplica a lo sensorial mientras uno está sentado en un sillón con las neuronas. Comodidad y esfuerzo cero. ¿Será por el tiempo que ocupa esto que el hábito de leer CF no es algo común? 

 
Ab: Bueno, pensar, tener predisposición por meditar el mundo tampoco es algo común. Nuestra civilización tiende a la comodidad.


M.C.: Es muy cierto lo que decís. Tengo amigos que han leído sagas interminables de fantasía pero que desisten en sus intentos en leer un cuentito de Asimov porque les resulta aburrido y muchas veces incomprensible. ¿Qué opinas de esto?

 
Ab: Que cada quién elige qué cosa quiere. Nadie duda que la música clásica es mucho mejor y más importante que el reguetón, pero se vende un disco clásico por cada 100 de reguetón, y hay no más de una radio clásica por cada espectro del dial. Y creo que me quedo corto.


M.C.:¿Y por qué será mayor la recepción del reggetón que la música clásica? A veces creo que hay un plan para que la sociedad sea así, pero eso suena muy de ciencia ficción, ¿no? 

 
Ab: No tiene por qué haber un plan. Se trata de la famosa Campana de Gauss, también llamada distribución estándar. Es un concepto de análisis estadístico, de nombre rimbombante pero nada complicado de entender. Indica que algunas cosas gustan a más personas, comparadas con otras cosas. Por ejemplo: a las personas en general les gustan en mucha mayor medida las manzanas que las aceitunas rellenas de anchoa. Entonces será más común encontrar, comprar y comer manzanas, y eso no implica una conspiración contra las aceitunas rellenas de anchoa. Ahora bien, entre los mediterráneos europeos las aceitunas y las anchoas tienen gran aceptación al ser frutos del país, por lo que es tal vez más probable hallar lo inverso: serán mejor aceptadas que las manzanas, cuyo cultivo no es climáticamente apto. Con la CF pasa lo mismo: si culturalmente responde a ciertos conceptos del inconsciente colectivo de una región, será muy aceptada allí; en cambio, si la mayoría de las personas no la siente, será cosa de culto marginal. Creo que es eso lo que pasa entre nosotros, en particular.


M.C.: Je, je. Por primera vez siento que se me esclarece el panorama sobre esta cuestión. En realidad ya intuía la respuesta, pero es muy bueno oírlo de otra persona. Filosofía y CF. El solo pensar en una reunión donde se combinen estos dos temas me resulta irresistible. Creo que leer CF es cuestión filosófica. Añado que también lo es hacer historietas o escuchar Metal. Muchos de nosotros, los que dedicamos tiempo y amor a las obras de CF somos vistos como excéntricos para las personas que tienen otros gustos. 

 
Ab: Es que sí somos excéntricos. Excéntrico es el tipo que está fuera del centro, fuera de la corriente convencional de algo. La CF claramente es una literatura que no está en el centro de nada, es bien "border". Como una vez lo fue el rock, antes de que llegaran las disqueras y lo transformaran en un pop ruidoso. De hecho, Hollywood tomó la CF y la convirtió en "fantasía ruidosa".


M.C.: Sí, tenés mucha razón ahí. Y lo feo es que se considera CF lo que en realidad es lo opuesto y es esa manía de etiquetar todo que tienen los medios de comunicación. 

 
Ab: Sí, pero a veces asombra lo errado que están los conceptos. Hace muy poco murió Jack Vance, y las noticias lo mencionaban como "maestro de la CF" y daban ejemplos de varios de sus libros y sagas. Pero citaban todas las de fantasía, como las de La tierra moribunda, los Príncipes Demonios o los Tschai, y olvidaron citar la verdadera CF del tipo, con títulos como Los lenguajes de Pao, Hombres y Dragones, El último Castillo o los cuentos editados en la antología "Lo mejor de Jack Vance". Una barbaridad, perfectamente emparentada con que digan que Virus era una banda "de rock nacional". Pop y gracias.


M.C.: Tanto calificar de CF a todo lo que resulta incomprensible para los críticos terminará por cambiar el significado, si es que ya no lo hizo. A veces me resulta alentador la transmisión directa de info que tienen las redes sociales o los grupos de internet. Recuerdo que una vez cometí un furcio que vos me señalaste. Fue cuando supe de una carta que el locutor de la radio atribuyó a la ex mujer de Chávez de Venezuela. En ningún momento puse en duda la información y la reenvié confiando a pleno en la veracidad. Resultó ser una mentira. Te confieso que tuve mucha bronca con esa radio, fue un programa de domingo en AM, Radio10. Ahora me pone piel de gallina saber de la manipulación descarada de la información. Como diría Dr. House: “Todos mienten” ¿Se tratará sólo de creer? ¿O de creer en lo que queremos creer?

 
Ab: Uh, hay libros completos de filosofía y sociología intentando develar ese asunto. Pero para entender una cosa no creo que sea necesario que haya una explicación. Hay cosas que se "sienten" y no se pueden razonar; creo que ésta es una de ellas. Por ejemplo, el que es fanático de un cuadro de fútbol no respeta nada excepto el apego a la camiseta. Los penales en contra son todos falsos, y los que son a favor, todos verdaderos. Eso es el auténtico fanatismo, el alterar la realidad por apego enfermizo a una idea cualquiera. Ahora bien, si las imágenes de los penales están, y se puede ver cuál es real y cuál mentira, ¿qué lleva al fanático a deformar la realidad para sostener una falacia? Sencillo: la casaca es más importante, en su visión de la vida, que la realidad, la legalidad y todas las demás cosas. El fanático no quiere saber cuál es la verdad; quiere que la verdad sea la que le conviene. Por eso no se puede llegar a acuerdos con un fanático. El hincha honesto, en cambio, puede ver y reconocer que el penal que concedieron a su club fue falso. Aunque se alegre igual si acaba en gol, no discute que el penal fue un regalo del referí. Viene a ser un tipo realista: sabe que la vida es imperfecta, y que a veces se obtienen ventajas sin haber movido un dedo..., así como otras veces sobreviene el fracaso a pesar de haber trabajado bien. Si el tipo es realista, no importa qué ideas tenga; se puede llegar a acuerdos con él.


M.C.: Eso, basta de fanáticos, un poco de visión real para la mejor comunicación y tolerancia en la humanidad. Voy a comentarte algo desde mi visión de historietista y si, también como escritor. A mí me gusta cuando encuentro dibujantes y escritores que me atrapan con su creación pero que usan herramientas y recursos totalmente diferentes a los de otros creativos. Ocurre con Philip K. Dick y Sturgeon, para nombrarte dos que me vienen a la mente ahora. De dibujantes puedo mencionarte un montón. En cambio, no siento nada cuando me traen unas historietas de Batman, digamos. Veo los créditos y en todas el dibujante es diferente, pero no se nota para nada, todos dibujan igual, narran igual. Por supuesto tienen laburo. Lo mismo ocurre con guionistas de historieta (y escritores) que trabajan con una formula o teniendo presentes todas las reglas para producir un calco de otros escritores. Creo que es cuestión de gustos nomás. El público se renueva en el cine y se hacen remakes. Con los libros y las historietas eso es más difícil, no sirve hacer lo que otro ya hizo antes. Creo que eso atañe también a la música. En fin, se trata de laburar para hacer algo bueno que esté al nivel de los mejores trabajos que conocemos.

 
Ab: Estoy de acuerdo en eso, pero labrar caminos nuevos no siempre tiene buena respuesta de la gente. Ya lo hablamos hace unos minutos. Uno puede seguir la corriente, ser bueno en lo común, y es más seguro conseguir trabajo. O ser fiel a uno mismo, y esperar a que la perinola caiga alguna vez de nuestro lado.


M.C.: Por otro lado, ¿Cuan libres de pensamiento podemos ser en el mundo de hoy? Cada anuncio, cada noticia, cada párrafo leído condiciona nuestra manera de pensar. 

 
Ab: Cada lectura, y cada persona que nos influye, desde los familiares y los conocidos hasta los que nos cruzamos alguna vez por la calle.


M.C.: El otro día escuchaba unas opiniones que se atribuían a Lionel Messi, el jugador de futbol. Decía que no le gustaba el tango, que solo había leído un libro en su vida y era una bio de Maradona y que desconocía quién era el Che Guevara. Hablamos de un chico de, creo, veintitrés años. 

 
Ab: Es perfectamente lógico, porque Messi no es sino una máquina de jugar al fútbol. Un especialista, como el personaje del filme de Luc Besson "El perfecto asesino", que ni sabía leer. No lo necesitaba para ser el mejor profesional.


M.C.: Lo notable para mí no es la desinformación, sino el verdadero interés de las personas. Porque hablamos mucho de cultura como algo importante en la sociedad cuando en la práctica se pagan sueldos multimillonarios a actores y deportistas. Esto resulta en la opinión general totalmente natural en contraste de la gente que vive de manera miserable y apenas llega a conseguir comida para todo el mes. En verdad, creo que lo más importante para la humanidad son cosas como el fútbol, la TV y los chismes de los diarios. 

 
Ab: Yo no diría lo más importante, sino más bien lo más difundido. Lo más importante es comer, dormir, amar, soñar, pensar y cosas así, que hacemos todo el tiempo... pero que no reciben publicidad comercial, como las otras.


M.C.: Al final del libro El Mundo Perdido, de Michael Chichton, el autor llega a la conclusión de que el fin último de la especie humana es solo criar hijos, explicando que los bebés humanos son dependientes de sus padres aún mucho después de la edad adulta en comparación con todas las demás especies del planeta. ¿Somos realmente importantes dentro de la ecología del planeta o todo lo contrario?

 
Ab: Ninguna especie por sí sola es importante para la ecología. Si una especie desaparece, deja un nicho que tarde o temprano otra especie cubre. Sin embargo, los humanos hemos creado un nicho muy particular, al que podríamos llamar Cultura, que es completamente virtual y transcurre de mente a mente, enhebrado en palabras. Todo animal vive por dos únicas razones: conseguir comida y descendencia. Los humanos no; estructuramos una virtualidad llamada sociedad que nos esquematiza por fuera de las tendencias naturales. Una persona puede decidir no tener hijos para llevar una vida de mayor comodidad, o sacrificarse con dietas y gimnasia para verse más de acuerdo a un canon societario, y ambas cosas son imposibles para un animal. Esas decisiones son virtuales y comandan nuestra vida real tanto o más que las verdaderas necesidades fisiológicas. Dudo bastante que algún animal cubra ese nicho si desaparecemos. Lo dudo, porque es un nicho virtual, no real. Recuerdo algún escritor de CF que se preguntaba qué quedaría de la civilización occidental dentro de mil años, si acaso llegara el gran desastre. La respuesta es que quedaría un montón de cosas que no tendrían importancia para nadie. Yo he visto a muchos perros masticar el diario, y a ninguno leerlo.


M.C.:   ¿Qué es un aficionado a la CF? ¿Qué características reúne una persona para ser llamado así?


Ab: Yo creo que un aficionado a la CF es un tipo que descubrió que el mundo no es del color que lo pintan; que hay una trama compleja detrás. Y quiere conocerla. El aficionado a la CF es un gran curioso, y la CF le enseña a ver detrás del velo convencional del mundo. ¿Cómo es que le enseña? Haciéndole dudar de la realidad de lo que se considera evidente.


M.C.: Por contraste, ¿qué no es un aficionado a la CF?

 
Ab: Sospecho hace tiempo que las personas a las que no les gusta la CF no tienen un afán indagatorio. No se preguntan cómo es el mundo, sino que se preguntan cómo "acomodarse" al mundo. No les interesa demasiado la realidad, sino más bien la convención. Están dispuestos a sostener un estado de cosas que no les genere riesgos en su conciencia. Quieren adaptarse a las cosas como son, no dudar de ellas. 


M.C.:¡Qué interesante este pensamiento que expresás! Te cuento que cuando miró atrás a las cosas que hice, dije o pensé, entiendo que estaba muy equivocado o mal encaminado respecto a una gran cantidad de cosas. Hasta de asuntos en los que me creía muy informado, como mi música predilecta. Descubrí que dudo sobre muchas cosas, a veces hasta mi propia filosofía. Es como si no consiguiera entender ciertos temas y al final comprendo al que eligió escuchar reggaetón canturreando estribillos machistas sobre su potencia sexual y cosificando al género femenino, simplificando la existencia a lo básico. 

 
Ab: Bueno, todos tenemos una parte básica en nuestros gustos. Algunos en la música, otros en el arte, otros en las lecturas, las costumbres, la sexualidad, etcétera. No en todos los aspectos somos refinados los humanos. Al físico nuclear puede gustarle la cumbia, y al verdulero de la esquina la novela rusa del siglo XIX.


M.C.: Igual, para mí, prefiero hacerme preguntas aunque nunca pueda saber las repuestas; eso le da un poco de sentido a la existencia. Nosotros, los que leemos CF creo que teorizamos muchas respuestas después de leer un buen libro de ciencia ficción, ¿no crees?

 
Ab: Sí. Un buen libro, y no tiene por qué ser de CF, te deja pensando. Entonces uno crece, amplía el horizonte, se abre nuestra cabeza, y nos liberamos de los fanatismos, que suelen estar basados en la ignorancia y el miedo a lo diferente. Conociendo más, descubrimos que lo diferente es lo común, no lo raro. Que todos somos más diferentes que iguales.


M.C.: Cuando se forma un grupo, o varios grupos, de seguidores de algo (pueden ser historietas, Cf o un estilo musical), es natural que se originen opiniones comunes. Criterios sobre lo correcto y lo incorrecto. Pienso también que es tentador el elitismo si uno no está prevenido. Muchas veces escuché comentar que es buena cf y que no lo es. Vale igual para calificar a un escritor. Que si la CF dura o la blanda. Realismo mágico o space opera. ¿Cuánta seriedad podemos dedicarle a este tipo de críticas?

 
Ab: Yo no comulgo con esas ideas. La vida es compleja y las personas somos polivalentes. Todos comemos, dormimos, vamos al baño y nos rascamos si nos pica. No hay personas que decidan no rascarse, y formen grupos de "no rascadores". Desde esta postura, me parece que esos grupos de "seguidores de algo" dejan fuera gran parte de la vida que todos llevan, y sus miembros se concentran en solo una de las tantas capacidades que tienen. Es más: nuestros gustos están influenciados por nuestra vida completa, no por pequeñeces. Pero los moderadores viven diciéndoles a los miembros que no se salgan del tema XX, que esta es una lista de YY y que esas cosas de ZZ las dejen para otro lado. Y la vida rara vez es así, salvo en las misas, la guerra o los sepelios. Mantener esquemas tan rígidos me parece muy poco vital. ¿Nos gusta a todos XX? Bueno, juntémonos, pero por favor, que no sea el único tema que se trate en nuestras reuniones, ya sean virtuales o reales. Hablemos de XX, y de todo lo demás también.


M.C.: Una explicación perfecta que comparto. Y extendiendo este tema, ¿las tertulias sirven para algo?

 
Ab: Todo encuentro sirve para algo, siempre y cuando se lo deje servir. Pero si la idea es discutir quién la tiene más grande, o ver a quién cazar en alguna trampa para que responda a mis intereses, las reuniones dejan de ser útiles. Y eso se refleja en que no crecen. Mucho cacique y poco indio.


M.C.: Publicar es el sueño común de todos los escritores. Fijate que dije sueño y no meta. Porque parece que la puerta es muy estrecha y el portero es un tipo con el que no compartimos gustos. Es fácil encontrar montones de ediciones de lujo con tapas muy gruesas que no pasarían ni la primera selección de los correctores de Axxón, Alfa Eridiani o Planetas Prohibidos. ¿Cuan relevante es el éxito de conseguir que una editorial nos publique?

 
Ab: Uh, podrás recibir tantas respuestas a esa pregunta como escritores hay. Es un asunto personal. En mi caso particular, si alguien decide publicarme será un placer, pero nada más. No es lo que busco al escribir. Pero bueno, yo tengo mis ideas al respecto y no pretendo dar lecciones de nada.


M.C.: No termina con la publicación, luego sigue la distribución, la promoción. Asumiendo siempre que el producto es bueno. Para los historietistas siempre está presente el público al que será dirigida la obra y lo vendible que pueda ser. Es algo que tiene en común con el cine. ¿Te parece necesario añadir algo así a la literatura? ¿Escribir de un modo rentable con temas adecuados para llamar la atención de un editor?

 
Ab: Supongo que es la forma tradicional en que uno encara su trabajo al principio. Busca ser exitoso en su propuesta, y para ello tiene en cuenta al cliente, que viene a ser, en el caso de los escritores que buscan publicar, el editor. Es como cuando uno abre un almacén, o una tienda de cualquier tipo. Para tener éxito, primero piensa en el cliente: que esté cómodo, que vea buena calidad, buenos precios, buena atención, que quiera volver. Luego de conseguir el suceso, la mayoría de los tenderos o almaceneros deja de prestarle atención a los clientes para dirigirlo hacia su propio interés: no trae las marcas que le dejan menos ganancia, comienza a pedirle cambio al comprador en lugar de conseguirlo él, le encaja una lata vencida que le quedó de clavo al pelado ese que nunca vio antes, etcétera. Total, por más que algunos se alejen, al tipo le alcanza para hacer diferencia. Pero no me parece que deba hacerse eso siendo escritor. Uno debe ser fiel a lo que siente que debe escribir. Que no es lo mismo que decir que uno debe escribir cualquier cosa que le venga en gana y pretender que se publique. Lo correcto es formarse como persona en la cultura y la inteligencia, y volcar eso en el escrito, no andar persiguiendo la forma de meter un cuentito acá y otro allá, hechos a la medida de los dueños de las revistas. Eso es planeo de gallina, y el vuelo es para las aves.


M.C.: Sobre talleres literarios de ciencia ficción estuve pensando mucho. El tema de transmitir y enseñar conceptos de estructura narrativa. Sobre gramática y ortografía. Ritmos y tonos. Estilos. Podría decirse que eso es común a cualquier taller literario y hasta ahí todo bien. La cosa se pone interesante cuando interviene la especulación científica. Teorizar sobre mundos extraños y alienígenos exóticos me parece fascinante. ¿Se puede dirigir un taller de Cf de la misma manera que un taller literario, digamos de poesía?

 
Ab: No estoy seguro. La CF no es un género típico como, por ejemplo, los libros de viajes o el terror. Es más un modo de pensar. O, si querés, un modo de ver el mundo. Se me ocurre la analogía con una lengua muerta, por ejemplo. Tal vez se conozcan algunas palabras, oraciones completas, gracias a grabados en la roca. Pero no se sabe cómo sonaban esas palabras, pues no queda nadie vivo que las haya hablado. Y los significados de muchas de esas palabras suelen ser una aproximación; no hay modo de saber qué tan certeros son. En los casos extremos de la CF, tenés no solo un planeta distinto, con leyes propias e irreproducibles en la Tierra, sino también seres que no existen, y problemas a los que deben enfrentarse que no tienen nada de real ni comparable en nuestra sociedad. ¿Cómo educar en todo eso? No se puede. Si no viene en el paquete del escritor, no creo que se pueda inculcar. Lo que sí se puede inculcar es lo mismo que en cualquier taller de escritura: que el texto sea orgánico, que se lea bien, que guarde coherencia argumental, etcétera. Y también pueden hacerse ejercicios para incentivar la imaginación, como plantear una historia en tal o cual condición. Pero no se puede inyectar lo que no hay en la cabeza del tallerista.


M.C.:¿Cuánto tiempo es beneficioso depender de las opiniones de otra persona para considerar bien escrito nuestro cuento? 

 
Ab: Ese tiempo es distinto para cada persona. Y también es variable el motivo por el que se da a leer un cuento. Hay escritores que nunca están conformes con su texto y viven mostrándolo, preguntando y retocándolo, a tal punto que uno no sabe quién es el que escribe el texto definitivo, si el escritor o sus lectores. Y hay otros que saben que está bien como está, y lo muestran para ver si el lector entiende lo que se ha querido decir, y no otra cosa. Hay de todo.


M.C.:¿Es posible que de antemano sepamos que comentarios hará tal o cual persona sobre nuestro escrito? 

 
Ab: Eso depende, supongo yo, de cuánto hayamos tratado a esa persona en particular, y de cuánto hayamos penetrado en el secreto de su vida, por decirlo de manera algo pomposa.


M.C.: Atendiendo siempre a los consejos que nos dan, ¿no terminamos escribiendo todos con el mismo estilo, ritmo y hasta voz del grupo que integramos?

 
Ab: Eso sucedería si no usamos otra referencia que las personas del grupo que integramos. Pero un escritor se alimenta de muchas otras fuentes: los dos milenios de literatura, los cien años de cine, la radio y la tevé de todos los días y las influencias culturales de aquellos que amamos u odiamos. Y éste es otro argumento en contra del establecimiento de esos grupos tan cerrados, que mencionábamos antes.


M.C.: Asimov, que ahora parece ser muy desvalorizado en los comentarios de los colegas aficionados a la Cf, decía, recomendaba, mejor dicho, que si uno desea ser escritor tenía que olvidarse de las salidas los fines de semana, de las visitas a los amigos y parientes. Nada de paseos. Recomendaba escribir, escribir y escribir. A Stephen King le preguntaron su modalidad de trabajo y respondió que daba prioridad a sus hijos, luego a su esposa, a los parientes, a los amigos, a los vecinos, a la casa, a su banda de música y que vivir todo eso era la fuente para los argumentos de sus libros. ¿Qué costumbre te es más afín a vos?

 
Ab: Me parece más correcto el planteo de King, más allá de que no es un autor que me guste, como ya te habrás dado cuenta. Pero hay mil maneras de ser escritor, y una sola cosa hay de común a todas ellas: escribir. No es fundamental la cantidad, la calidad, el orden o la dedicación. El escritor escribe, eso es lo fundamental.


M.C.: Volviendo al tema de la Cf como género. En literatura tenemos obras clásicas, autores de best sellers, maestros estudiados en universidades, novelistas de libritos de bolsillo y cuentistas de e-zines, para dar unos ejemplos de todo lo que hay. Yo considero que todos los habitantes de este mundo son importantes y tienen los mismos derechos como seres mortales que están apenas un tiempito existiendo en el mismo continuo espacio temporal con otros iguales. Después de eso, no hay nada certero. Desconfío de promesas para el más allá, de redentores y salvadores. Menos creo que haya personas mejores que otras.

 
Ab: Tiendo a coincidir con eso.


M.C.: Aclaro que no es necesario coincidir conmigo, creo que la mayoría no coincide conmigo en muchas cosas ja, ja. Es posible que tome mucho más espacio argumentar con mayor claridad lo que digo. El punto de la pregunta es ¿La Cf es un género de literatos maestros de la lengua o de lectores adolescentes? ¿O de todo el espectro entre un extremo y el otro?

 
Ab: Absolutamente, de todo el espectro. La CF es el único género que abarca todo, desde lectores infantiles hasta especialistas. Pero no solo eso: es el género cuyo campo es el más amplio concebible. Todo el tiempo, pasado, presente o futuro, todo el espacio y el cosmos, todo esquema de pensamiento, todo sistema imaginable de sociedad cabe en sus alforjas. Nada queda fuera.


M.C.: Existen un montón de métodos para escribir un cuento. Cada cual tiene su truquito y con el ejercicio uno aprende algunos. Se puede partir de una frase, Podemos tener un buen final y ponernos a pensar como llegar al mismo. Se puede también armar con introducción, nudo y desenlace. Hay muchas maneras.

 
Ab: Yo creo que hay dos, principalmente: conocer o no el final. A veces a uno se le ocurre un final, y entonces escribe un cuento para que termine así. Y otras veces lo que se nos ocurre es un problema, y nos ponemos a escribir sobre ello con la esperanza de encontrarle un final. A veces sale, a veces no.


M.C.: Me gustaría saber varias cosas: ¿cuántos cuentos escribís al año? 

 
Ab: Uh, es muy variable. Hay años en los que no escribo nada. Otros en los que escribo una docena.


M.C.:¿Te ponés objetivos con tu producción?

 
Ab: No. Para mí escribir es un juego, como resolver crucigramas o darle a la raqueta.


M.C.:¿Cuánto tiempo al día dedicás a escribir? 

 
Ab: Escribir no es para mí una actividad reglamentada. Si no tengo una idea, no escribo cuentos, me dedico a chatear o mandar mensajes a alguna lista, o responder los que me enviaron a mí. Y en ellos despunto el vicio, si querés. Pero para sentarme a escribir un cuento, debo tener primero un interés: una idea que plasmar, una necesidad que comunicar, tal vez una convocatoria o un certamen con tema fijo. Pero esto último rara vez; los temas fijos suelen ser bastante áridos. Por ejemplo, los robots o los vampiros.


M.C.:¿Llevas apuntes de tus ideas?

 
Ab: No. Me parece buena idea hacer eso, pero para mí no lo considero útil. Lo que sí suelo anotar son frases que me han causado impacto, sean de alguien famoso o del frutero del barrio. Las buenas frases son trozos de sabiduría comprimida y muchas veces sirven muy bien para algo que uno quiere decir y para lo cual usaría más del doble de palabras.


M.C.: Nosotros hemos leído novelas de Simak, Farmer, Herbert, Del Castillo, Asimov, Santos, Brunner, Anaya, Dick, Heinlein, Chaviano, Bradbury, Niven y muchísimos nombres más un poco menos conocidos. Esto autores al momento de publicar tenían entre cuarenta y cincuenta años, algunos eran mucho más jóvenes. Sin embargo hay una costumbre de estimular al cuentista y de prevenir sobre embarcarse con una novela. ¿A que puede deberse esto? ¿Será timidez o creer que otros escritores si pueden escribir montones de novelas y nosotros, no? 

 
Ab: Es un asunto muy complejo. Tiene aristas culturales, de organización y económicas, no es tan simple como parece. Por un lado, las diferentes culturas tienen formas diferentes de organizar las ideas. Los japoneses adoran los haikus, que son unas poesías de tres versos. Cualquier japonés puede escribir una novela, pero el alma japonesa está en los haikus. El alma latina, a su vez, está en el cuento. La novela como la consideramos hoy es un invento bastante reciente, el último de los géneros literarios en tomar forma; antes de eso había otros formatos. Es hija de la imprenta, y como desde el 1800 el desarrollo de la imprenta fue muy superior entre los sajones que entre los latinos, ellos han desarrollado mejor la novela que nosotros. Hasta aquí, para no aburrir, en cuanto al carácter cultural del asunto. Pero también hay aristas económicas. Para una sociedad como la nuestra, es mucho más sencillo "acomodar" la edición de un cuento que la de una novela. Un cuento se mete dentro de cualquiera de cientos de antologías que se editan por año, y aparecen en el mismo tomo cuentos de autores conocidos con algunos desconocidos, y se equilibra la cosa. Pero para una novela el asunto es muy distinto: ¿quién va a querer editar a un tipo desconocido, con una novela de tema restringido (la CF) en un mercado tan reducido como el nuestro? No se recupera nunca la inversión.


M.C.:¿Es bueno estar siempre dando examen sobre nuestra capacidad para escribir?

 
Ab: Si uno siente que debe rendir examen todo el tiempo, es que no está seguro de lo que hace. Exámenes rinde un aprendiz, no un conocedor. El conocedor se dedica a trabajar, seguro de su desempeño. Cada quién sabe en qué nivel está.


M.C.: Hay una cosa que no logro consentir entre los escritores y aficionados a la Cf y es el ninguneo. Hoy hay mucha sutileza también, ningunear se puede hacer por omisión. Con la aparición de las redes sociales, los grupos y los foros. Llenos de herramientas para que los lectores realicen comentarios. Son fáciles de usar y totalmente gratuitas. No es necesario caer en el amiguismo o la falsedad cuando nos gusta algo. ¡Expresémoslo! Es propaganda y difusión. Es en cierta forma protagonismo y apoyo para algo que nos encanta, la CF. Pero es muy poca la gente que comenta o pone un simple “me gusta” con un clic. Casi nadie comparte o recomienda un cuento o una revista. No entiendo las causas de esto. Puede deberse a que nada gusta en realidad. Otras causas son deleznables. Peor es cuando una persona recibe elogiosos comentarios a su obra, pero parece no leerse más que a si mismo ignorando que hay otros escritores en el mundo. Esto mismo vale para los dibujantes. También existe el auto ninguneo. Las personas que tiene que aclarar que no son escritores, que son apenas unos amateurs.

 
Ab: Bueno, creo que hacen falta unas definiciones. Hay que distinguir lo que significa un escritor para "la gente" y lo que significa un escritor realmente. Para el vulgo, un escritor es un tipo que tiene libros publicados. Punto. Pero el no tener libros publicados no hace de nosotros unos amateurs. Yo conozco varios libros publicados que están escritos por amateurs, y se nota de acá a la China. Y también conozco señores escritores a los que no publicaron nunca en papel. Pero cada quien decide cómo llamarse, porque no hay una Universidad que otorgue título de escritor. Eso sí: si te decís escritor, mejor que escribas razonablemente bien o vas a caer en el ridículo. En cuanto a lo demás a que hacés referencia, eso del ninguneo y la falta de apoyo, o del "me gusta" tan en boga, no sale más allá de las costumbres humanas corrientes. La mayoría de las personas hace las cosas por interés y no por solidaridad; esto es así desde que el mundo es mundo.


M.C.: Cada cual tiene derecho a pensar de sí mismo lo que quiera. Pero por eso te pregunto: ¿podrías recomendarme un cuento tuyo y decirme por qué me lo recomendás?

 
Ab: Sí, podés leer en la NM Número 28, un cuento mío llamado "Rastros", breve y algo enigmático, pero al que aprecio por su construcción que es muy minimalista. ¿Por qué lo recomiendo? Porque es el último que me publicaron, simplemente. Ahora bien, si me pedís algo distinto y más arriesgado, pudiera proponerte uno llamado "El honor que se merece", que está en la NM 18 y trata de un experimento de sociedad muy particular. Ése ganó una mención en un certamen de filosofía en la CF.


M.C.: Los e-zines y las revistas son el medio que tenemos la mayoría de nosotros para ser leídos. Quedan varios por fortuna, aunque se extrañan mucho los que ya han desaparecido. 

 
Ab: Sí. Yo extraño mucho a NGC3660; varios de mis cuentos vieron la luz ahí.


M.C.: Las ediciones que sobreviven y ya llevan muchos años resistiendo han atravesado diferentes épocas con selecciones variadas de escritores. A veces se nota más, a veces menos la mano de los redactores. En ocasiones estas selecciones son más afines a los gustos de uno, otras no. Como dije es cuestión de gustos. Están también las preferencias personales del editor. A veces parecen que esos criterios preponderan en las selecciones del contenido y con el correr de los números, una publicación tiende a tornarse monótona, mostrando siempre los mismos temas, los mismos escritores e ilustradores.

 
Ab: Bueno, pero eso pasa porque somos limitados. Nuestras producciones son monótonas porque el editor es al mismo tiempo el revisor, el seleccionador y el webmaster del sitio, por lo general. Tales cosas no le suceden a Editorial Planeta, por ejemplo, pero ellos tienen otros recursos.


M.C.: Cuando descargas un e-zine o compras una revista, ¿la lees completa? ¿Qué partes te aburren o pasas de largo por el título?

 
Ab: No, rara vez leo los e-zines que descargo, salvo que haya un cuento de algún autor en particular, de los que me interesa leer. Es simple cuestión de tiempo disponible. Me pasa igual con los libros en papel; tengo un anaquel lleno de libros que compré y todavía no leí.


M.C.: Háblanos de tus preferencias en lo referente a lecturas hispanas. Nómbrame tres publicaciones que te gusten en orden de preferencia.

 
Ab: Me gusta el nivel que mantiene NM, y por eso es que prefiero publicar ahí. Además, conozco bastante a Santiago Oviedo (el editor) y sé que el producto será bueno. En segundo término, podría mencionar a Alfa Eridiani, si bien me gustaría que fuera menos errática en su publicación. Pero los muchachos hacen lo que pueden. Y no tengo una que me llene el tercer lugar; por eso es que extraño tanto a NGC.


M.C.:¿Tres escritores y tres ilustradores?

 
Ab: Siempre hablando de CF, intento leer lo que escriben Ricardo Giorno, Teresa Mira y Néstor Figueiras; a los tres los conozco personalmente y me interesa lo que piensan, por lo que me gusta leer la forma en que se expresan; suelo aprender de ellos, cosas distintas de cada quien. Pero la mayor parte de lo que leo no es del género. Ilustradores conozco menos: me gusta el arte de Bárbara Din y también el tuyo, MC, aunque parecen estar en veredas opuestas :-)


M.C.: Es cierto, en la ilustración encontramos una avenida con muchos carriles. Barbara es genial, su arte va por una cosa de sensibilidad con el abstracto. Por mi parte yo trató de representar personajes y escenas. Se nota también mis bases en dibujo de historieta en todo lo que hago. ¡Cómo me gustó adaptar Humanum est! 

 
Ab: Sí, te quedó muy bien. Y lo presentaron en un salón del Congreso, lo cual es un lindo orgullo, ¿no?


M.C.: Sí, tendría que haberle pedido un autografo a victoria Donda para vos, ja. ja ,ja. Es broma porque yo apenas la saludé, me interesan mucho más los dibujantes que los políticos. Los escritores que mencionás son diferentes entre sí, también son todos argentinos, indica que tus preferencias se quedan en los nacional je, je. ¿Qué preferís, el escritor que experimenta nuevas formas de narración o el que se atiene a estructuras narrativas ya utilizadas por otros escritores?

 
Ab: No soy un tipo que busque nuevas formas narrativas, aunque alguna vez las he usado. Depende mucho de la historia que uno tenga entre manos. Si la historia es buena, y el método para narrarla (por más raro que sea) comulga con la idea y se explica por ella, perfecto. Pero a veces uno se pregunta por qué el autor eligió un esquema complicado para decir cosas que hubieran quedado igual si las decía en formas más simples. Seguramente es por búsqueda del artificio, pero uno a veces siente gusto a rancio. Como si se hubiera comido el papel de la etiqueta y no el chocolate.


M.C.: Los premios y los concursos. Algunos de nosotros hemos ganado algún premio o alguna mención. También participamos en muchos concursos y ni hemos figurado. Con seudónimo o no. ¿Se puede vivir sin premios? ¿Los elogios son imprescindibles para el escritor?

 
Ab: Los elogios son importantes para cualquier ser humano, y seguramente más necesarios son cuanto más solitaria sea la tarea que uno emprende, porque somos entes gregarios. Pero no son imprescindibles, ni los elogios ni los premios. Imprescindibles son el aire y la comida, la ropa y la cama, el amor y la esperanza.


M.C.:¿Tenés algún sueño o consigna pendiente en lo que se refiere a la ciencia ficción?

 
Ab: Sueños no tengo. Tal vez alguna consigna, de la que no soy consciente.


M.C.:¿Qué novela de cf te gustaría ver convertida en película?

 
Ab: Una que no me guste. Suelen arruinarlas bastante.


M.C.: Star wars Episodio 7 por Disney. ¿Qué expectativas tenés?

 
Ab: Ninguna.


M.C.:¿Cuál serie preferís de Star Trek? ¿Y cuál película?

 
Ab: Cuando era un inocente párvulo me encantaba la original. Luego crecí y me dediqué a ver cosas decentes.


M.C.:¿Qué le dirías a alguien que quiere empezar a leer CF? ¿O a escribir CF?

 
Ab: Como otras cosas, eso depende de la persona que me pregunte. En base a su cultura, sus conocimientos, sus intereses y su forma de ser le diré una cosa u otra. Porque la CF es una experiencia personal e intransferible, es imposible decir algo como "ésta es la novela que hay que leer" y pretender que para todo el mundo signifique lo mismo que para mí. Entonces, mi respuesta necesariamente debe ser muy personal y dirigida lo más exactamente posible a las necesidades e intereses del que me habla.


M.C.: Escribir CF es una afición de cierta clase social. ¿Los millonarios y políticos escribirán ciencia ficción?

 
Ab: Los políticos no debieran escribir CF, sino hacerla. Toda cosa aún no hecha puede caer dentro de la CF. El final del hambre en el mundo, por ejemplo, es un proyecto eminentemente político y de CF. Hace muy poco se aprobó la ley de Fertilización Asistida; eso pudo haber sido tópico común de la CF europea de los años '50. En cuanto a los millonarios..., no sé, depende de cada uno, es un asunto personal. Larry Niven tenía un excelente pasar desde el comienzo porque su familia hacía negocios con el petróleo, pero él quiso ser escritor de CF y se quemó las pestañas para ser bueno. Es un ejemplo como cualquier otro.


M.C.: Los humanos contaminan su hábitat, matan por deporte, se multiplican con rapidez, aumentan su promedio de vida y hasta son una amenaza para extinguir otras especies e incluso su propio planeta. Si fueras un extraterrestre de visita en la tierra, ¿Qué pensarías de sus habitantes?

 
Ab: Que no conviene meterse con ellos, porque no respetan nada.


M.C.:¿Ciencia o religión? ¿Ninguno o ambos?

 
Ab: Ambos. Forman parte de los conocimientos y creencias humanas; si uno quiere entender a la humanidad, debe interesarse por todas sus expresiones.


M.C.:¿Imaginas un futuro con robots domésticos o con replicantes esclavos?

 
Ab: Imagino un futuro estratificado, a lo hindú o a lo dinástico del Japón. Una clase poderosa y pequeña con acceso a todo, incluyendo alguna especie de inmortalidad asistida. Luego una clase técnica, que soporta el andamiaje del mundo y lo hace andar para los de arriba, que incluye la información, que conecta ideas, que obedece a las intenciones de los poderosos y se aprovecha de ellos y de los de abajo. Y por fin, una multitud en constante guerra entre sí para conquistar algunos derechos, pobres contra pobres. No es muy distinto de la Instrumentalidad de Cordwainer Smith..., esto dicho para que alguna vez lo leas (risas).


M.C.: Si pudieras visitar el universo de uno de tus libros preferidos, ¿Cuál erigirías?

 
Ab: Hay un solo mundo en el universo ficcional que cualquier lector de CF se moriría por visitar: el Mundo Anillo de Niven.


M.C.: Sí, estaría buenísimo. Dejemos al Kzinti y al titerote por ahí y conservemos a Teela Brown antes que se transforme en un monstruo. La violencia es el último recurso del incompetente, dice un personaje de Fundación de Asimov. ¿Compartís este pensamiento?

 
Ab: No. La violencia es inherente a la vida y a la naturaleza; dejarla de lado nos deshumanizaría. Un mundo sin violencia es un mundo muerto, mal que nos pese. No se puede practicar ningún deporte sin ejecutar violencia sobre algo o alguien, y nadie diría que un deportista es un incompetente. Cuando somos chicos, la violencia está en los juegos y en la escuela, y entre nuestros muros hogareños, incluso. Criar a un niño sin violencia alguna lo dejaría pobremente preparado para la vida; justamente, sería un incompetente porque, al desconocer la violencia, no tiene defensas contra ella y tampoco puede utilizarla. ¿Cómo haría para comerse una nuez, si no usa la violencia para abrir su cáscara? No se puede vivir sin violencia, pero se la puede dirigir hacia fines no destructivos, que es lo que hay que hacer. Toda sociedad imparte leyes para definir qué violencias son impropias. El problema es que no basta con definirlas; hay que canalizar las violencias, darles salida en actitudes nobles, útiles y positivas. Y eso rara vez se hace.


M.C.: En libros como Más que humano de Sturgeon y Juan Raro de Stapledon se narra sobre personas de capacidades especiales. ¿Crees posible que exista gente así o solo es algo imaginado?

 
Ab: La gente así existe, pero en forma menos espectacular. Maradona, Gaudí y Beethoven son buenos ejemplos.


M.C.:¿Y los duendes y las hadas? ¿Habrá de cierto algo en esas leyendas?

 
Ab: No. Pero en las épocas en que esos mitos se forjaron, las cosas eran bien distintas. Hoy uno puede enterarse de si el pombero es un mito o un personaje real consultando Internet, o algún libro sobre mitología indígena; pero en aquellas épocas no había fuentes fidedignas de información. Lo que sí había eran personas con intereses (fueran buenos o malos) de formalizar consignas. La del pombero reza: "Muchachas, no vayan solas a la selva (no huyan del marido, bah) porque hay un duende que va a cazarlas y violarlas, y vuestro hijo será una aberración peluda". El mito se construye para modelar una sociedad, o al menos uno de sus parámetros. Pero éstos son temas para conversar con Teresa Mira, no conmigo, que toco de oído.


M.C.: Ya que estamos, ¿qué habrá de cierto con los ovnis y los extraterrestres?

 
Ab: Nada que sepamos. Pero en estas cosas nadie tiene la vaca atada.


M.C.: Ab, como siempre ha sido un placer conversar contigo.

 
Ab: El placer, como siempre, ha sido mutuo.

sábado, 30 de abril de 2011

Carlos Morales - Escritor - Moderador de Planeta X











Carlos Morales, alias abur_chocolat - Moderador del grupo Planeta X

Hola ¿Quién eres? Preséntate con tus palabras, por favor.

De acuerdo. Mi nombre es Carlos Morales, pero tal vez soy más conocido como abur_chocolat, o el Aburcho a secas. Soy un tipo común, aunque bastante raro (según dicen). Hay gente que me quiere mucho y otra gente no puede ni oír hablar de mí, pero esas son cosas de la vida. Probablemente sucede porque soy un tipo directo y franco, y no me gustan las injusticias. Eso te crea amores y odios.

Já, já Como Zuckerberg. ¿Y de dónde sale eso de abur_chocolat?

Fue hace mucho. Quería tener una cuenta en Yahoo para participar en los grupos y, como mi nombre es bastante común, las combinaciones típicas (camorales, moralesc, carmoral, etc.) ya estaban tomadas. El robot de Yahoo me rebotaba todo el tiempo y me ofrecía números, pero me parecía aberrante usarlos; supongo que eso es culpa de haber leído historias en las que se despersonalizaba a la gente. De modo que me planteé algún nick que no tuviera asidero directo con mi nombre. Y fue abur_chocolat porque para esas épocas estaba algo panzón y uno de mis recursos para bajar de peso fue dejar de lado el chocolate. Así, el propio nick funcionaría como recordatorio (risas). Sí, se nota que estaba algo sensible con el asunto.

¿Cómo empezaste a aficionarte en la CF?

El primer libro que leí fue una novela de Verne. Pero no de CF, sino “Dos años de vacaciones”, pura aventura; lo gané con mis notas en sexto grado de la Primaria. Lo siguiente que puedo identificar en mis recuerdos fue haber comprado (con mi escaso sueldo de operario en una tornería) unos Bolsilibros Bruguera en una tienda de usados, de la colección Ciencia Ficción. Creo que ahí fue donde se me abrió la cabeza. Tendría yo unos 17 años. Luego de eso no pude parar, y los buscaba donde fuera. Solo bastante tiempo después me enteré de que existían libros “grandes” que también trataban temas de CF. Es que pasé toda mi vida en una localidad del segundo cordón industrial de Buenos Aires, donde la cultura aun hoy brilla por su ausencia. De modo que solo me animé a comprar libros “grandes” cuando apareció la colección CF de Hyspamérica en los kioscos de revistas.

¡Ahh, sí! ¡La de tapas de letras plateadas! Yo los tengo casi todos leídos. ¿Y cuando sentiste el impulso de escribir?

Bueno… como mucha gente, cuando me enamoré por primera vez. Eso fue en mi adolescencia; compuse rimas espantosas y unos escritos lamentables, mezcla de romanticismo banal y relato erótico. Supongo que eran una vía de escape de una realidad muy pobre en recursos y en “magia”. Pero si me preguntás por mi actual condición de escritor… no sé, simplemente un día me puse a escribir y ya. Eso fue hace unos cinco años. No sé si llamarlo impulso; yo diría más bien que fue una decantación.

Claro. ¿Qué temas te gusta abordar en tus cuentos?

No he escrito tantos como para pensar en límites. Puedo identificar mejor las cosas sobre las que no me gustaría escribir. Pero, hablando en generalidades, me interesa explorar la forma en que se conduce y mantiene la condición humana ante las circunstancias que les acontecen a las personas en un ambiente determinado, con sus riesgos y ventajas. Tal vez por eso me gusta la CF, porque te permite diseñar el ambiente con gran libertad, e incluso a los seres que se ven afectados por él.

Yo noto un respeto por el hard, las novelas de a duro, pero hábilmente manejado como un relato fantástico. ¿Te sale natural o lo estudiás?

Supongo que a uno le sale más fácil el escribir lo mismo que le gusta leer. Siempre me cayó mejor la CF Hard que aquella mezclada con magia, o la de introspección. No estoy diciendo que estas últimas no me gusten, sino que termino más… satisfecho, digamos, luego de leer a Niven que a Zelazny, por nombrar a dos irreprochables. Seguramente tenga que ver con mi adiestramiento profesional; ser diseñador mecánico me “condena”, por decirlo de algún modo, a que la coherencia orgánica de un texto y una técnica realista me sean muy importantes. Y esto que se dio en mí como lector, también lo plasmo como escritor, es evidente. Creo que nos pasa a todos, a cada quien según sus gustos.
En cuanto a “las de a duro”, que viene a ser mi otra vertiente, simplemente me divierte el estilo Pulp; se pueden decir muchas cosas en un ambiente tan estereotipado. La trama con el científico loco, el héroe, la chica que hay que rescatar y el espía maligno puede dar lugar a miles de variantes, y lo mejor de todo es que no hay que explicar quiénes son, pues todos los conocemos. Eso hace que un cuento en ese ambiente se nutra de todo lo que hemos visto y leído, y permite concentrarse mucho más en el nudo y el mensaje y obviar las descripciones. Resulta entonces una historia mucho más breve, pues toma su cuerpo de todo lo anterior del género; pero también llena de significado, porque terminás escribiendo solo lo fundamental.

¿Cuál es tu aspiración? ¿Fama?

No. La fama es algo peligroso. Yo conozco los escenarios; fui guitarrista en una banda de rock y aunque nunca hemos sido muy famosos tocando, he conocido gente que sí y no me gustó el panorama. Mi aspiración es pasarla bien inventando alguna historia, sorprenderme de lo bien que quedó… aunque eso es aleatorio (risas), y publicarla en caso de que a alguien más le divierta o le deje pensando. Ya con eso me doy por pagado.

¿Qué es lo que te hace juzgar si un relato es bueno o malo?

No sé si hablas de un relato mío o de otro. De uno mío, es que me guste cuando lo releo. De los relatos de los demás, los defino buenos cuando son coherentes, tienen ideas que nunca se me han ocurrido y me despiertan sentimientos al leerlos, aunque sean sentimientos no agradables, como la tristeza o la ira.

¿Estás de acuerdo con los filtros de edición? ¿Quién debería realizarlos?

Estoy de acuerdo, porque si no sería un desastre. Ya lo que se edita hoy está plagado de errores conceptuales y hasta ortográficos, de modo que bajar el umbral solo empeoraría las cosas. Pero el tema es qué se filtra. Yo conozco a demasiados editores personalistas, que publican sin reparo cuentos de “amigos” y dejan de lado a otros que tienen talento pero no se entregan a las zalamerías de la adulación. Eso es un manejo político demasiado frecuente, y por eso no aparecen talentos nuevos sino en cuentagotas. Hacen la de Calígula: publican lo que ha escrito el Incitatus de turno. Son escasos los que eluden el amor propio exacerbado y se manejan con honradez. Entonces, no es que haya que quitar filtros, sino recuperar el uso de los correctos. Pero a cierta gente eso no le entra en la cabeza.

Hablas de elitismo, ¿no? De gente que considera mejores y peores. Sin embargo esas son decisiones de los editores.

Hablo más bien de acomodos por amiguismo, y de rechazos por antagonismo personal.
Yo creo que hay que buscar publicaciones donde a uno lo traten con respeto y lo quieran por su obra, no por quién lo trae o qué hizo antes.
Sí, yo también envío texto a los que me tratan bien, o supongo que lo harán.

En muchos foros critican por esto a la FIERRO, la historieta para sobrevivientes. Tuvo cosas muy lindas en la primera etapa, aunque tanto repetir el mismo staff, con dibujantes que se repiten haciendo lo mismo hace décadas… Pero estoy rompiendo una regla personal: la de no hablar de gente que no me gusta. ¿Qué opinas de los neologismos?

Son una herramienta más, siempre que no se abuse de ella. Entonces pasa a ser un escollo.

Noto que sos muy absolutista en lo que se refiere a la construcción de un relato. ¿Es así?

No estoy seguro de lo que querés decir con absolutista. Mi forma de escribir no es algo que se pueda enseñar, lamentablemente. Me siento en la PC y escribo. Suelto un personaje y el tipo se mueve y decide su futuro ante mis ojos, y el universo se arma al tiempo que corre el relato. Y en determinado momento, aparece en lontananza el final que debe tener el cuento. Lo escribo y se acabó. Luego lo releo brevemente para asegurarme de que no cometí errores groseros de cualquier tipo, y no lo toco nunca más en la vida. Y cuando lo leo luego de un tiempo, suelo asombrarme de pensar que yo pude haber escrito eso. Es como si por un momento una musa me hubiera habitado y fuera ella la que lo escribió, no yo. De modo que comprendo bastante a los antiguos, a aquellos que inventaron a las musas.

¿Qué es la CF para vos?

Un universo en el que moverse.

Muy bien. ¿Cuál de tus cuentos te es más querido? ¿Por qué?

No sé, son como hijos. Uno quiere hasta a aquel que le salió medio torcido.
Já, já, cierto.¿Crees que hay lectores para lo que escribís?

Seguro. Existen los suicidas, ¿no? (risas) Quiero decir, habiendo tanta gente seguramente a alguien le gustarán, porque de gustos no se puede dar cuenta.

¿Tenés un e-zine favorito?

No.

¿No, a secas? Pero seguro leés algunos, ¿verdad?

He leído algún número de varios fanzines, pero no tengo tiempo. También por eso es que no soy un escritor prolífico. En otras épocas leía mucho; tengo en casa una biblioteca de casi ochocientos volúmenes de todo género: técnicos, ensayos, históricos, clásicos… hasta cómics, y los he leído a casi todos; muchos de ellos varias veces. Pero en un estante hay una docena de libros, los que fui comprando en el último tiempo, que no pude comenzar nunca. Hace ya un par de años que no tengo tiempo de meterme con una novela; ni pensar en un ensayo. Me gasté 120 pesos en uno de los últimos, un ensayo titulado “Historia de la clase media argentina”, y no pude pasar del prólogo…

¿Hay algún autor contemporáneo que sigas?

He seguido durante un buen tiempo a Larry Niven, y traduje algunas cosas suyas que no estaban en castellano. Pero, hoy por hoy, no sigo a nadie.

Sí, y aunque no lo digas, para mí se nota que sos fan de Niven. Los fuselajes Número Cuatro de Mundo Anillo se caracterizan por tener un ambiente único, de ahí que no veías la necesidad de pasillos en una astronave. ¿Recordás aquella conversación en una reunión, hace tiempo, en una galaxia muy lejana?

Uh, cuánto se discutió sobre eso… Todo comenzó cuando vimos en grupo ese western espacial llamado “Serenity”. Para cuando vos te sumaste al tema, en la siguiente reunión en casa de Vlad, hacía ya meses que se trataba el asunto. Mi postura es que un pasillo al estilo de los que se ve en las astronaves que inventa Hollywood es absolutamente impráctico. Y lo demuestra en forma sencilla la construcción de las verdaderas naves espaciales, como la estación espacial Freedom: están formadas por cuartos funcionales interconectados, los pasillos no existen. Es un desperdicio de tiempo y recursos. Los yanquis tienen algún trauma con los pasillos, igual que con los armarios, y por eso están presentes en todas sus películas. Pero jamás se construirán en una nave espacial.

¿Cuál es tu autor favorito?

No creo tener un favorito. Me gustan cosas de muchos.

Según tu parecer, ¿los autores de Cf colaboran entre sí o son individuos aislados?

No sé. Yo soy un individuo aislado como escritor, pero me gusta juntarme y charlar o discutir con gente del género. Por otro lado, colaboro con unos cuantos en sus revisiones, desde que formo parte de un taller de escritura (se trata de Forjadores), pero muchas veces por expreso pedido de ellos a mi correo privado.

¿Te gusta participar en Forjadores?

Es un lugar interesante. Más allá del aprecio personal que siento por varios de ellos, ver en bruto cómo se desempeñan otros escritores es útil tanto para aprender métodos, sistemas y representaciones novedosas para uno, como para comprender que lo que se ha elegido como relato expresivo tiene muchas veces un nivel lo suficientemente bueno como para mantenerlo. En particular, Forjadores logra un ambiente muy cordial y nutritivo, y eso ayuda a que aparezcan los “esqueletos” de la composición: las personas se animan a entregar algo no del todo terminado esperando consejo, porque se sienten bien tratadas. Sé que en otros talleres eso provoca hasta burlas. Y si uno ve los esqueletos, aprende más de cómo otros componen su “producto”, y termina adquiriendo más información que si solo se presentaran productos terminados.

¿Qué opinas de los ilustradores?

Es una pregunta rara. Son los que hacen dibujos de los cuentos, ¿no? Me conviene hablar bien de ellos (risas). Sinceramente, no puedo dar opinión. El tipo se ve obligado a leer mi cuento, interpretarlo, extraer una imagen de su mollera y plasmarla como “decoración” de una obra mía. Luego de tanto trabajo, no me parece correcto plantarme como un juez y discutirle su apreciación del asunto. Sería como si el ilustrador me dijera que cambie mi cuento para que se adapte a algo que tiene en la cabeza.

Já, já. Mirá, cuando el cuento está bien descripto y hay varias escenas para elegir es más sencillo. El problema es lo onírico o la ensoñación, eso merece un dibujo abstracto. Fijate que a Robert Howard o a Edgar Rice Burrougs es fácil plasmarles una imagen, en cambio en Más que Humano, las portadas pueden ser de cualquier otro libro.

Sí, te comprendo. Es lo que pasa cuando se tratan temas “invisibles”.

¿Es importante la divulgación de las novedades CF?

Es útil, pero no podría decir que importante. Importante es que no haya niños muertos por el hambre.

En eso tenés razón. Pero ya que lo mencionás, ¿pensás que hemos llegado a tal nivel de individualismo que podemos ver alguien muriéndose al lado nuestro y no nos afecta? Hace unos días vi como un colectivo aplastaba a un perrito, sufrió unos segundos antes de morir, pero lo que me sorprendió fue ver a dos chicas que volvían de bailar sacarle fotos al animal destrozado con los celulares. Me hace acordar a esa película con Charlton Heston, Soylent Green (Cuando el destino nos alcance). Creo que ya nos alcanzó, ¿no?

Es un problema de educación. Hemos sido educados desde hace años con vista a convertirnos más en clientes que en personas. Siento así, es lógico que exacerben en nosotros los instintos básicos antes que los pensamientos superiores, pues cuando nos movemos en base a instintos es más fácil engañarnos, vendernos cosas sacando más provecho. Uno no se hace muchas preguntas ante el hambre o el deseo; se mueve más por “calentura” que por evaluación. Es muy difícil sustraerse a eso, porque todos tenemos instintos y el lenguaje en que nos habla la publicidad es entonces universal.
Las consecuencias son muchas y prácticamente todas malas. Lo que vos viste con esas dos chicas tomando fotos a la pobre bestia es una de ellas: el desapego ante el sufrimiento del otro es natural consecuencia del exacerbado interés por el propio disfrute a toda costa.

¿Qué opinás de la autoedición?

Cada quien hace con su dinero lo que quiere. En mi caso particular, como la fama no me interesa, estoy a salvo de eso (más risas).

Já, já, bien. ¿Te animás a opinar sobre algún editor que te haya publicado? ¿O no te haya publicado?

Sí. Hubo uno que me publicó el primer cuento, cuando yo no era nadie y él ni siquiera me conocía. Era un cuento difícil de publicar para él, porque no coincidía con la temática de su revista y era demasiado largo. Pero se las arregló y lo publicó. Ése fue Santiago Oviedo, editor de NM. Un señor.

Santiago Oviedo es uno de los mejores tipos que conozco en el medio y no lo digo por quedar bien. Tiene un criterio particular para elegir el material de su revista y, además, es mejor persona que editor, je, je. ¡Que no se entienda mal, já, já!

Ok, ok, vamos a tratar de entenderlo bien.

¿Ves televisión?

Sí. Algunos programas de opinión, noticieros y algún que otro filme de cable, especialmente si son europeos u orientales. Hollywood me aburrió.

Hollywood está para atrás, ¿eh? Lo mantienen los efectos especiales, pero ya todos los países se están poniendo a la altura. Lo que me enferma es esa manía que tienen los productores de quedar bien con todos: el gobierno, las minorías sociales, el enemigo, con Dios, con el diablo, los grupos étnicos, la diferencia de géneros. Ponen todo con calzador.

Yo no creo que deba culparse a los productores. Creo que tiene más que ver con que su cine tiene que cumplir unos estándares particulares porque allá casi todo tiene que ver con el dinero. Hay una música en el aire y deben bailar a ese ritmo. El statu quo diseña un cliente y el producto debe adaptarse a él para ser exitoso. Mientras más cumpla con su objetivo, que es el ser “comprado”, mejor lo tratará la prensa, que es funcional a ese modelo, y más premios recibirá de los académicos del negocio. Eso hace que todos los filmes terminen inevitablemente pareciéndose entre sí, porque una fórmula exitosa se repite hasta el cansancio.
Lo mejor que tiene, para mí, son los dibujos animados.
Yo prefiero los de otras latitudes. Todavía estoy deslumbrado por “Las trillizas de Belleville” y por “El viaje de Chijiro”. Las he visto media docena de veces y sigo disfrutándolas. Nada que hayan hecho los yanquis me ha gustado tanto.

¿Te gusta el cine nacional?

Me gusta el buen cine, no importa de dónde venga. Pero no soy un cinéfilo. Debe hacer como cinco años que no voy a un cine, y lo más reciente que veo seguro tiene más de dos años. Pero como mi hija Bellus sí es cinéfila, por ella me entero de lo que vale la pena. Cada tanto me pasa en DVD lo que sabe que me gustará.

¿Qué opinás sobre los adelantos tecnológicos en la vida diaria?

Que son útiles para muchas cosas, excepto para ahorrarnos tiempo. Uno está hoy mil veces más ocupado que antes “gracias” a esos chiches. Ya no queda espacio para la contemplación, la charla simple y llana y el ver pasar el sol por la ventana. Creemos que tenemos mucho más que antes, pero no vemos todo lo que hemos perdido.

Coincido, se pierde mucho tiempo. ¿Qué pensás de las nuevas formas de comunicación? ¿Y las redes sociales?

No me gustan las redes sociales, y no es porque sea huraño. Se trata de que todo comportamiento en ellas está absolutamente compartimentado por los programas de comunicación, y su diseño no responde a nuestra forma de ser, sino a la de otros pueblos. Es una versión más de la penetración cultural; esta vez no por los contenidos, sino por las formas.

La penetración cultural es constante y empezó antes de que nosotros naciéramos. El tema es cuando está en tu médula. Creo que a mi me gusta el Heavy Metal porque empecé a escuchar música en los ochenta.

Sí, eso es inevitable. Uno es como es en buena parte por las cosas que nos formaron mientras crecíamos.

Lo peor es el condicionamiento, creer en la ilusión del sueño americano de que con esfuerzo y preparación llegas a Shangrilá. Te enseñan que los malos tienen cara de chino, alemán o turco, que los chorros y los guerrilleros tienen cara de latinos y los buenos son pibes lindos de camisa y corbata cuando en la realidad, mis amigos tienen rasgos latinos y el hdp que me explota usa camisa, corbata y tiene el cutis perfecto. ¿Este tipo de cosas influye en tus argumentos o te despegás para escribir?

Esas cosas forman parte del universo que nos rodea, y si uno se basa en la realidad para proyectarla, es inevitable considerarlas. Lo contrario sería escribir fantasía, no CF. Crear mundos irreales no es lo mismo que crear mundos inexistentes pero probables.

Ahora los chicos siguen aventuras a través de juegos de video o historias en cine condicionadas por el merchandising. ¿Pensás que eso reemplazará a la literatura tradicional?

Espero que no, pero sospecho que sí. Educados como están, siempre prestarán más atención a lo que dicen Disney o Hasbro que a lo que decimos vos o yo. Y es otra consecuencia de la penetración cultural. Por ejemplo, el argumento del filme “Soy leyenda” en la versión de Will Smith no tiene nada que ver con el original de Richard Matheson. El terrible descubrimiento que uno hace promediando la novela no está en la película, que se queda en la anécdota del pobre tipo luchando contra los vampiros. Entonces, ¿qué se sabrá de “Soy leyenda” con el tiempo? Es muy simple: la durísima historia de Matheson no sobrevivirá y lo que perdure será la lavada versión de Hollywood. Es imposible que una novela inglesa de 1954 pueda competir en penetración de propaganda contra un producto hollywoodense de 2007.

¿Por qué pensás que la Cf es tan infravalorada en la opinión general?

No existe eso de “opinión general”. Lo que existe es una gran cantidad de gente con gustos decretados. Si uno grita “Dostoyevski”, el 50% de las personas se cree que estamos diciendo alguna puteada en ruso; el 30% responde que es un genio, pero jamás lo ha leído; el 15% lo ha leído pero no le ha gustado por “crudo” o “anticuado”, y el último 5%, el verdaderamente conocedor, se detiene en hablar pestes de sus ideas y de sus costumbres en lugar de disfrutar de su escritura. Con la CF pasa algo parecido.

Uyyy, hablás de un complejo de inferioridad que tienen muchas personas. Me ha ocurrido que le preguntás a alguien por “El imperio de Antares”. El libro no existe, pero muchos te responden: “Lo oí nombrar, dicen que está bueno”.

Bueno, para muchos el decir “no sé” es materia prohibida.

Ese tema lo toca John Brunner en Órbita Inestable. También eso de criticar al que ayer ovacionábamos y hoy mirarte mal por opinar distinto a la mayoría. Y escribir ciencia ficción es algo que hace una minoría. ¿Estamos en el lugar correcto, entonces?

Como adultos que somos, estamos en el lugar en que elegimos estar. Lo correcto o incorrecto no depende de cuántos lo hagan, sino de qué pasta estemos hechos. ¿Está mal ser pacifista en tiempos de guerra? ¿Es incorrecto respetar los 80 km/h en la ruta, cuando todos van a 120? Lo que pasa es que mantener lo que uno cree cuando vienen cortando cabezas requiere de cierto coraje, y eso no es gratis: se pierde tal vez más de lo que se gana. En realidad, creo que lo único que se gana es la satisfacción de habernos respetado a nosotros mismos.

¿Imaginás que algún día conquistaremos el espacio, como en Star trek?

No. Cuesta demasiado dinero. Mientras exista el dinero, será imposible.

Hummm, creo que podría financiarse eso y también terminar con el hambre y la pobreza en el mundo si se distribuyera mejor la riqueza. Carl Sagan dijo que financiar el proyecto Voyager le costaba cuatro centavos a cada persona en 1979.

El proyecto Voyager era muy barato, porque en esos vehículos no viajaba nada vivo. Apenas con meter una cápsula habitable en una nave los costos se van a las nubes y la cantidad de fallos posibles se incrementa en forma astronómica.

Pero parece que Nostradamus o los mayas le pegaron de casualidad y la radioactividad nos va a llover a todos pasado mañana. Si hubiese un holocausto climático o ecológico, ¿qué harías?

Me moriría, claro. ¿Por qué voy a ser de los pocos que se salve?

Sí, dejémosle esa tarea a Sálvat. ¿Cuál es tu película de CF favorita?

Me gustan muchas, pero por distintos motivos. “Doce monos” es un mecanismo de relojería. “Aliens” es un dechado de ingeniería. “Gattaca” es una oda a la libertad. “El quinto elemento” es un espectáculo visual. “Blade Runner” es un canto a la esperanza. En fin, muchas me gustan por alguna cosa en particular.

Muy linda respuesta. ¿Crees que los autores de Cf son nerds o ratones de biblioteca despegados de la realidad?

Hay de todo. Yo soy hiperrealista en mi vida diaria, y sin embargo escribo sobre mundos que no existen. También sé de algunos que escriben sobre el mundo que quisieran habitar, pero yo no soy de ésos.

¿Cuál fue el último cuento de Cf que leíste?

Uno que tengo en revisión, de Ricardo Giorno, llamado “La mente es una vibración transferible”. En realidad, todavía no lo acabo, pero lleva tiempo porque también lo evalúo para él.

Otro tipo que me parece buenísimo escribiendo, pero es muy critico consigo mismo. ¿Pensás que alguien leerá este dialogo?

Claro. Ya lo hemos leído vos y yo. Tengo cuentos que se han leído menos (risas).

28 de Marzo de 2011 - Roseta de Kemplerer