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viernes, 24 de junio de 2011

Néstor Darío Figueiras -Escritor - Músico - Ilustrador



Invitado de Hoy: Néstor Darío Figueiras -Escritor - Músico - Ilustrador
Hola ¿Quién eres? Preséntate con tus palabras, por favor.
Siempre es difícil autodefinirse… Mi nombre es Néstor Darío Figueiras. Nací en el ’73. Soy cristiano. Esposo de Viviana y papá de Micaela. Músico, escritor e ilustrador. (Esto lo digo respetando los niveles de calidad en el desempeño de cada uno de esas actividades artísticas: de mejor a peor, je. Al menos según lo veo yo) Aunque más bien diría que intento ser un artista inquieto. Sí, sé que suena pretencioso, o hasta cursi. Pero la verdad es que me siento así, cada día buscando descubrir más profundamente los canales a través de los cuales puedo manifestar lo que me pasa, lo que veo, lo que siento.

En definitiva estás tratando de expresarte, o más bien comunicarte. Fijate que mencionaste la música, la escritura y la ilustración. Las tres tienen en común que necesitan de un interlocutor para adquirir dimensión ¿Lo habías notado?
¡Claro! El arte es comunicación. El arte es por personas, para personas. Y es atemporal. Podés escuchar a Robert Johnson o a Bach, leer a Stapledon o admirar a Van Gogh y estarás tendiendo un puente a través del tiempo. Aunque la dinámica de las tres disciplinas nombradas son muy distintas, tienen el mismo fin: construir un puente de comunicación. Hay una idea que se me ha ido cristalizando en la cabeza, convirtiéndose en una convicción durante los últimos años: todas las artes parecen ser una sola cosa. Un río, por ejemplo, del que se desprenden numerosos afluentes. Hay navegantes que se han especializado en alguno de ellos. Pero hay otros que quieren explorar todos los brazos, hasta llegar al cauce principal, que es atemporal, como dije antes. Algo así como los renacentistas, que estudiaban todas las cosas, y todo lo relacionaban, terminando como híbridos de alquimistas, inventores, escultores, pintores, escritores, etc… Capanna dice algo así en una entrevista, creo que en una Minotauro, o en algún número de El Péndulo, cuando habla de hacer una síntesis de las disciplinas para “armar” la realidad. Hay un cuento de Alfred Bester, “El gran sueño”, dónde se nos advierte acerca de los riesgos de la especialización extrema. Yo no quiero ser especialista en nada, aunque decir algo así suene tan mal en esta época de tanto coaching y marketing. Para mí el norte está en la habilidad de fusionar las cosas más diversas. Los que abren caminos nuevos en cualquier disciplina son los que se han animado a quemar sus manuales sagrados para, heterodoxamente, enlazar heterogenias. Admiro a tipos así: el mismo Bester, Tom Waits, Leo Masliah, Jodorowski, Terry Gilliam, Joni Mitchell, Guillermo del Toro, por mencionar algunos. El arte es como Frankenstein: un mutante que renace de injertos todo el tiempo, reensamblado cada vez. Y lo que le da la vida es el toque único de cada artista, esa chispa que a veces puede ser genial. Aunque también es cierto eso de que “el que mucho abarca, poco aprieta”, claro. Así que, para mejorar en lo que hago, debo ocuparme de una cosa a la vez. Pero sé que serán muchas cosas.

¿Cómo empezaste a aficionarte en la CF?
Por la lectura de novelas y cuentos que me dieron mamá y algunas profes del secundario muy copadas. En una época de mi vida no se podía hacerme mejor regalo que un libro, y a todos les pedía eso en Navidad o en mi cumpleaños. Si leés CF en el despertar de la adolescencia, es muy probable que quedes infectado de por vida. Si la cepa es buena y el virus caló hondo, no hay cura. En mi caso fue un cocktail de Bradbury, Asimov y Clarke. Aunque antes de esa inoculación masiva, hubo varias picaduras: Ángel Arango, los libros de “Elige tu propia aventura”, Phillipe Ebly, El Eternauta y Robotech.

¿Y cuándo sentiste el impulso de escribir?
También en la adolescencia, aunque en la escuela primaria ya disfrutaba de hacer redacciones con temática de CF. Por ese entonces dibujaba algunas historietas con mi hermano y unos amigos, refritos que iban desde G.I. Joe, Robotech, Nippur de Lagash, Cyborg, Crazy Jack, a Tom y Jerry, Ulises 31 y X-Men. Claro que con otros nombres: nuestra versión de Robotech era Airlyons; la de G.I. Joe, Comando Titán; y nuestro Nippur se llamaba Sarquis el Rojo. Y todo lo que vos sabés o te imaginás, Mario, je.

Me imagino ¿Han sobrevivido algunos de esos proyectos?
Sólo en las carpetas de dibujos que guarda mi vieja. El otro día encontré unos diseños hechos en papel manteca de mis equivalentes a los Invids y al Battloid Alpha de la tercera generación de Robotech: los Vanguard 3 y 4, y el Airlyon Ultra-battler 3. Y me agarró una cosa nostálgica terrible, je. Tuve (tengo) un metejón grande con Robotech. Ahora estoy coleccionando la reedición remasterizada. Muy bueno.

¿Qué temas te gusta abordar en tus cuentos?
Los mismos temas que el resto, je. ¿Cómo es eso de qué sólo existen tres temas en la literatura? El amor, la muerte y… Me olvidé del tercero. No, hablando en serio, me gusta especular sobre el viaje en el tiempo, pero siempre tratando de encontrarle alguna vuelta de tuerca. Me resulta desafiante innovar en algo tan trillado. También me atraen la distopía, los desvaríos ucrónicos –aunque en esa área aún estoy haciendo mis primeras armas–, la realidad virtual, las IA y la Singularidad Tecnológica, la tergiversación de textos sagrados (hay allí un gusto por la blasfemia inteligente), sociedades alienígenas, la “imbecilización” de los mass media… Y eso. Ahora me estoy interesando por el tema de las mutaciones.

Cierto, leí varios cuentos tuyos donde mostrás la realidad virtual desde diferentes ángulos. ¿Cuál es tu aspiración? ¿Fama?
En primer lugar, escribir bien, y que lo que escriba me dé placer al escribirlo y al leerlo. Soy un convencido de que uno escribe –o intenta escribir– lo que le gusta leer. En segundo lugar, sí, fama. ¿Qué problema hay con eso? Si, ya sé. El de la fama es un tema peliagudo. Hoy, el termino “fama” se ha convertido en algo despectivo, seguramente desde que todos se han dado cuenta que con ponerse en bolas en la tele y estar dispuesto a hacer el ridículo se cumplen los vaticinios de Warhol (aunque esta especie de la que hablo, los llamados mediáticos, en su inmensa mayoría, no tengan la menor idea de quién era Andy Warhol.) También la web y los realitys han ayudado a vender esa idea de qué la fama es algo fácilmente alcanzable. Y peor aún, que es algo deseable a toda costa, sin medir el precio: el fin justifica los medios (y a los medios). El problema con la fama es cuando la posee alguien cuyos motivos sólo pasan por facturar más, aunque se haga famoso por producir bosta. Hablamos de los “formadores de opinión”. Hoy, en un país dónde los Tinelli, los Fort y las Luli Salazar son algunos de los máximos referentes para chicos y chicas, las cosas son más jodidas. Te lo digo porque dicto talleres de creación musical en un colegio secundario, y sé de lo que te hablo. Antes, cuando éramos chicos, famoso podía ser un científico, un deportista, un artista. Pero ahora la cosa cambió. La fama es una herramienta que, bien adquirida y bien usada, es muy benéfica para todos. Recuerdo que cuando estuvo Bradbury en Argentina, hace muchos años, el viejo preguntó a la audiencia cuántos habían leído algún cuento suyo. Todos levantaron la mano. Y él dijo algo así como: “¿Ven? Yo soy padre de cada uno de ustedes.” Y tenía razón. En el 2005 o 2006, Axxon hizo una encuesta acerca de cuáles eran los diez cuentos de CF preferidos de sus lectores, y, si mal no recuerdo, “El rugido del trueno”, de Bradbury, terminó entre los primeros cinco. Eso es a lo que hay que aspirar: a dejar una marca imborrable (positiva, claro) que despierte inquietudes en las generaciones que siguen. Para eso sirve la fama. Pero en la literatura de hoy, la fama se asocia a ciertos modelos exitistas que dejan mucho que desear. Hay que encontrar la línea roja y caminar sobre ella. Por último, también aspiro a vivir de la literatura, aunque eso es una verdadera quimera, ¿no? Más si uno no está dispuesto a cruzar la línea, je. No sé, es todo un tema. Por ejemplo, ahora me estoy debatiendo entre escribir o no un libro sobre creatividad, a lo cual me animaron con mucho entusiasmo. De editarse (para lo cual existe una probabilidad bastante grande), seguro se encontrará en las bateas de Autoayuda, y eso me da cosita. Sé que si lo hago, ganaré algún dinero, pero no sé que me pasará por dentro durante y luego del proceso de escritura. Si me avergonzaré o no. No puedo pronosticarlo, y ante la duda lo sigo postergando.

Já, já. Asimov apuntó una vez que los escritores eran responsables de la enseñanza que les dejan a los posibles niños que los leen. Y yo comparto esa idea. Un cuento es cultura, y un dibujo también. Claro que hacemos cosas para adultos, pero en definitiva, los adultos son niños que suman años de vida. ¿Sos papá, verdad?
Je, je. ¡Si, seguimos siendo chicos! (Deberíamos seguir siéndolo si queremos ser creativos.) Soy papá de Micaela, que está por cumplir diez años. Y ella ya es todo una artista: toca la guitarra (¡con nueve ya tiene dos: una criolla y un eléctrica! Para mi primera viola eléctrica tuve que esperar hasta las dieciocho). Y compone sus propios temas, porque va a “tener una banda de rock progresivo”. Te imaginarás que cuando Viviana -que también es música-, y yo la escuchamos decir eso con tanta seriedad, se nos cae la baba. Micaela también dibuja, y hace sus historietas de superhéroes propios, en papel y en el Paint. Así que la semilla ya está sembrada. La semilla en la semilla. Ahora bien, tengo una cuestión con esa cita de Asimov: a veces me siento raro por no poder mostrarle a Mica algunas cosas que escribo. “Papá escribe algunas cosas medio raras que no pueden leer los chicos”. Como que me hace ruido. Pero sé que sólo es una cuestión de edad.

¿Qué es lo que te hace juzgar si un relato es bueno o malo?
Y, cuando uno va aprendiendo a escribir se pone más quisquilloso y siempre le busca la quinta pata al gato. No sé. Supongo que lo primero es que me ‘pegue’ pronto, no más allá del segundo o tercer párrafo. Hablo de la idea. Qué me impacte la idea. Y claro, después la forma. Que los personajes estén delineados y tengan un pasado creíble que los condicione todo el tiempo. Que el conflicto que los amenaza en la historia sea algo reconocible para mí. Y otra cosa: que no me hagan trampa con apariciones mágicas de último momento, y recursos tirados de los pelos para justificar líneas argumentales imposibles. Parece mentira, pero hay gente que te resuelve una trama así, metiéndote en el desenlace un personaje nunca antes mencionado, o recurriendo a poderes sobrenaturales. (Claro que hablo de CF: en la Fantasía eso está bien.) O apelando a cualquier cosa que sirva para que la narración funcione. Eso hace que uno tenga ganas de vomitar.

¿Estás de acuerdo con los filtros de edición? ¿Quién debería realizarlos?
Mirá, yo nunca tuve malas experiencias con los editores (hasta ahora). Siempre me he sentido animado a crecer al recibir sus sugerencias, y realmente la inmensa mayoría de esos consejos han mejorado mis obras. Mi amiga y gran escritora Laura Ponce, de Próxima y Sensación, siempre hace un muy buen trabajo de edición, proponiéndose ayudar al escritor a expresar mejor lo que quiere decir. También me ha pasado con el cuento “Pico de rating” publicado originalmente en Alfa Eridiani: el trabajo de los editores ha elevado el cuento hasta ser lo que es. Ahora claro, se supone que un editor es un tipo que escribe bien. O que sabe cómo hacerlo. Otra cosa es alguien que usa el corrector del Word, sin criterio alguno, y se enfoca sólo en las tildes y las comas. Y existe algo más peligroso: el que no tiene cuidado con la idea ni con la poesía. La edición es una labor de artesanía, casi. Me han dicho que hay editores que te quieren cambiar el cuento. Pero a mí no me pasado, a Dios gracias.

A mi tampoco me pasó, al menos en lo literario. Sí me ocurrió más de una vez con las ilustraciones. Parece ser que las personas se dan permisos para corregir a los ilustradores. A veces es fácil modificar algo, pero muy feo es cuando estuviste dos semanas diagramando una historieta y alguien te dice que cambies la distribución de las viñetas. Te confieso que no tengo problemas con alguien que sabe lo que pide, pero es todo lo contrario cuando se trata de alguien que no sabe dibujar un punto en una hoja en blanco, en esos casos no tengo paciencia. ¿Qué opinas de los neologismos?
Que son fantásticos. Les debo casi todo, je. Chip Delany dice que un neologismo es un salto de imaginación. O sea, el escritor, al inventar un neologismo, hace el camino inverso de lo que sucede en la vida cotidiana: pone el término primero, para luego a partir de él, elaborar el concepto. Te pongo un ejemplo, uno que ya mencioné, aunque no es un verdadero neologismo, sino el nuevo uso de una palabra ya existente: mediático. Alude al personaje farandulero que se hace público haciendo lo que dijimos antes. Pero los mediáticos aparecieron antes de que a algún productor de televisión se le ocurriera el término. En la CF es al revés. Gibson inventa ciberespacio, y elabora el concepto luego. Y en este caso, incluso se desarrolla en la vida real. En la CF hay neologismos memorables, que ya son icónicos: “ansible”, “tóptero”, “astrogación”, “precog”, “replicante”, “nafal”, etc… Además, en la vida real, fuera de los libros, el neologismo casi siempre nace en el uso coloquial del idioma, o en la necesidad de los que innovan; nunca en la academia. Y ese fenómeno mantiene vivo el lenguaje. Cuando un escritor crea uno, tiene que lograr sentir esa vena popular del uso cotidiano del lenguaje. Yo uso siempre neologismos, (aunque claro, si uno se zarpa, cae en el abuso, puede complicar la lectura.) Considero que son casi indispensables para la CF. Pensá: una persona de hace, pongamos, ochenta años, no entendería ni la mitad de lo que hablamos hoy, porque hemos inventado cientos de neologismos para definir la nueva realidad, que cambia día a día: “celular”, “pc”, “navegar en la web”, “transexual”, “red social”. Imposible entonces escribir CF especulando sobre nuevas tecnologías y cambios sociales que condicionen la vida futura si no inventás un nuevo lenguaje. En mi novella “En el umbral del mundo” (que Dios mediante, se editará antes de fin de año), el título de cada capítulo es un frase que incluye un neologismo, casi siempre un verbo: “Dejar de festar”, o “Retrosecretar en busca de la verdad”, u “Holoyectar al guardián”.

Por supuesto que recuerdo el término, festar. Muy bien usado en “En el Umbral del mundo”, ¿Qué es la CF para vos?
¡Ah, lo que pasa es que vos estás en el selecto grupo de amigos que me leen lo que escribo antes de que salga publicado! De esa forma, tengo un feedback de la obra… ¿Qué es para mí la CF? Es la manera más eficaz de decir qué pienso del mundo y la realidad que nos toca vivir. El mejor código. La mejor forma de prepararse para los cambios. Es una literatura del Cambio, de lo inquietante que es vivir sin constantes. Esto también suena a refrito, pero de verdad creo que es así.

¿Cuál de tus cuentos te es más querido? ¿Por qué?
No sé si hay uno solo. Hoy por hoy uno de mis favoritos es “Misión diplomática”, (originalmente publicado en Axxon), porque tiene un desarrollo bastante largo, sin perder tensión, y porque me parece que la idea es bárbara (y justamente lo digo porque no es nueva). Es hard, pero a la vez plantea cuestiones muy humanas. Saldrá en una antología de cuatro cuentos largos, “Puntos cardinales”, donde también participan Mansilla, Gaut vel Hartman y Laens. Otros cuentos de los cuales me siento orgulloso son “Reunión de consorcio” y “En el museo de los sueños verdaderos”.

¿Crees que hay lectores para lo que escribís?
¿Para mi forma de escribir? ¿O para la CF?

Sobre tus temas, tu estilo, acerca de tus ideas.
¡Espero que sí! No, hablando en serio, creo que sí. Si no me engañan por temor a que me deprima, varios lectores de los buenos y formados en la CF me han hecho saber que lo que escribo se deja leer. También sé que muchos creen que tengo un estilo recargado… No sé de dónde han sacado esa idea… Je, je. En realidad, sí, sé que a veces peco de barroco y reiterativo. Pero parece que lo que escribí hasta ahora es más o menos interesante. Mejor así. Espero no llegar a aburrir. Pero tampoco quiero caer en la trampa de escribir pensando en un tipo determinado de lector. (¡Cómo si existiera el lector ideal!) Eso puede ser trágico para un escritor. El vínculo escritor-lector es azaroso. Dijimos antes que se trata de comunicación, y no siempre está garantizada. Tiene que haber una química, una suerte de sincronización mental, emocional y hasta espiritual entre ambos. Cuando terminé de leer por primera vez “La mano izquierda de la oscuridad” sentí que había entrevisto la mente y el corazón de Úrsula K. Le Guin. Una escritora genial.

¿Cómo construís tus cuentos?
No tengo un método. En ocasiones puedo jugar con una idea durante meses, sin empezar a escribir, pensando en si vale la pena intentarlo. Y de golpe, un día se alinean los astros y me siento, y comienza a surgir el cuento. También me pasa que arranco con una idea clara, con todas las pilas, pero en algún punto pierdo el interés, y entonces el intento pasa a standby, hasta que reencuentre el hilo. Hay muchos cuentos que surgen a partir de letras de canciones o de su música. Una atmosfera propiciada por la música o una frase pueden ser los disparadores. Por eso escribo escuchado música, casi siempre. “En el museo…” y “En el umbral del mundo” salieron de ese modo: uno por el primer tema del álbum de Génesis, “A trick of the tail” (“Dance on a volcano”); y el otro por una canción de La Ley, “Fuera de mí”. “La apostasía de Sonja” estuvo teñido desde el comienzo por “Building the church”, de Steve Vai.

¿Tenés un e-zine favorito?
Uno de mis favoritos es NGC 3660, aunque ahora está hibernando. Axxon, publicación pionera, también lo es. Necronomicón me es muy querido, también. Y Crónicas de la Forja, cuando está on-line, también la descose.

¿Hay algún autor contemporáneo que sigas?
No sigo a nadie con especial atención, pero de los actuales que yo conozco me gustan mucho Ian R. MacLeod y Richard Morgan, en el mundo anglo. En la CF hispanohablante, me gustan Yoss y Magnus Dagón. Acá en Argentina hay mucha gente que escribe de forma increíble: Alonso, Ponce, Mira de Echeverría, Giorno, Morales, Domínguez Nimo, Cortalezzi, etc…

¿Cuál es tu autor favorito?
Nahhh… ¡Imposible mencionar uno solo!

Entonces mencioná todos, je, je.
Bueno. Ahí vamos: Stapledon, Le Guin, Borges, Bioy Casares, MacLeod, Gibson, Buttler, Yoss, Alonso, Carletti, Disch, Bester, Silverberg, Dick, Herbert (padre, ¿hace falta la aclaración?), Sturgeon, Zelazny, Cordwainer Smith, Stephenson, Ellison, Ballard, Chiang… Y un largo etcetera.

Según tu parecer, los autores de Cf ¿colaboran entre sí o son individuos aislados?
Yo creo que en los últimos años ha crecido el espíritu corporativo y la ayuda mutua y franca, sin reveses. Internas debe haber, como en todos lados. Pero no me enfoco en eso. Uno de mis lemas personales es que hay que saber conectar con las personas, con lo mejor de cada uno, porque en todos hay algo muy bueno que el resto del mundo debería conocer. Y aparte, porque el día de mañana la ayuda puede venir del lado menos esperado.

¿Qué opinas de los ilustradores?
Son colaboradores indispensables, ya que codifican lo que escribimos para ponerlo en una imagen. Los admiro (Y recordá que cuando me presenté, dije “ilustrador” en último lugar.) El trabajo que hace gente como vos, Romano, Vidal, Dal Molín, Siverio, Raffo, entre tantos otros, es maravilloso.

¿Es importante la divulgación de las novedades CF?
¡Por supuesto! Eso nos mantiene unidos. El género que cultivamos no es y nunca será masivo como el mainstream. No nos queda otra que estrechar lazos, conociendo lo que todos hacemos. Por ejemplo, esto que hacés de las entrevistas es bárbaro. Ya lo habías comenzado en Forjadores, ¿no?

Sí, fue una idea. Pero en ese momento no tenía experiencia para preguntar. Ahora quiero darle un tono de diálogo. Y no ser condescendiente con mi interlocutor, me gusta hacer preguntas menos frecuentes, difíciles y hasta incómodas si se me ocurren, Je, je. ¿Qué opinás de la autoedición?
Es una herramienta, con pros y contras, que ahora parece que ya dejó de ser un tabú. Antes autoeditarse era de cuarta, ¿no? Generalmente, la autoedición es para empezar, por eso está bueno si conseguís una guía (un escritor experimentado y buena onda, por ejemplo) para que te ayude a publicar algo que te sirva en el futuro. De lo contrario, podés sacar algo que deje una mala impresión de entrada. Por otro lado, habría que organizar la autoedición literaria, sacándoles el negocio a las editoriales que se aprovechan de las ganas de los que nunca hemos publicado. En la música, hace años que la autoedición es independiente de veras, con organizaciones de tipo gremial muy buenas que te proporcionan descuentos, distribución y demás. Ahora también existen otras alternativas a la autoedición. Por ejemplo, Editorial Andrómeda se ha fijado en un grupo de unos cien escritores talentosos, hispanohablantes, que no son publicados por los sellos editoriales tachados de “grandes”, como Cebrián, Cortalezzi, Domínguez Nimo, Moscarda, Frini, y un montón más. Yo también integro este proyecto cooperativo, que está dirigido por Sergio Gaut vel Hartman. Andrómeda está lanzando tres o cuatro colecciones a partir de esta sinergia interesante, las cuales abarcan desde poesía, pasando por microficciones, y antologías de cuentos hasta novelas. Va a ver que prestarle atención a esto, porque aquí se está gestando un semillero de la literatura fantástica hispanoamericana. En este marco saldrá mi novela corta “En el umbral del mundo”.

¿Te animás a opinar sobre algún editor que te haya publicado? ¿O no te haya publicado?
Como ya te dije, siempre fueron buenas anécdotas. Hasta ahora nadie se negó a publicarme. Nunca me voy a olvidar de la buena onda de Jorge de Abreu, que fue el primero en publicarme en la web: mis cuentitos “Según como se mire” y “Enfermo terminal” salieron en Necronomicón gracias a él.

¿Ves televisión?
Un poco. No tengo cable, aunque mi hija me reclama que lo ponga. Termina yendo a lo de la abuela para verlo, je. Miro Los Simpsons, Duro de domar, Desde la tierra, y algunos programas de Canal 7. A veces miro Los únicos. Pero la mayor parte del tiempo la tele, en casa, está mostrando videos de conciertos, o películas de CF. O animé.

¿Conciertos tuyos o de tus músicos preferidos?
Y mirá, hasta ahora sólo sacamos un DVD, de Presencia de Dios, en el Luna Park en vivo. Y ya estoy hasta las cejas de mirarlo, así que ya no le doy bola. Aparte, uno sólo se mira para descubrir errores y recriminárselos eternamente. El reproductor de DVD tiene una especie de ranking armado: Yes, Megadeth, Tom Petty, G3, Steve Ray Vaughan, Rush, Iron Maiden, David Gilmour, Pink Floyd… Ahora estoy con “The Big Four Live in Sofia, Bulgaria”: Anthrax, Megadeth, Slayer y Metallica. Supongo que cuando editemos nuestro primer DVD con In-Signia (antes era Runa Bit, pero el nombre no tuvo quórum, de modo que así se llama ahora la banda de metal progresivo con la que debutaremos pronto, y serás invitado, claro), me la pasaré mirándolo un buen tiempo, je.

¡Te gusta Yes! Muy lindo. A veces vuelo con Jon and Vangelis y hace poco pude ver a Maiden por primera vez, el último disco me gustó mucho. ¿Qué opinas sobre los adelantos tecnológicos en la vida diaria?
Yes es algo fuera de serie. Y Maiden es un grupo con tanta personalidad que me provoca envidia, je. Qué bueno poder ir a ver las bandas que uno le gustan. Un recital puede ser una experiencia casi mística. Ahora estoy por ir a ver a Asia. Pero vamos a la pregunta. Los adelantos tecnológicos. Pienso que el cambio y la innovación (sin importar si son benéficos o no) son la única constante. Lo único que me hace ruido de tanto en tanto es que las tecnologías modernas son muy adictivas, y tal vez nos vayan incapacitando para algunas cosas. Pero claro, la culpa no es del chancho… En vista de que se hace casi impensable no adoptarlas (en parte, porque el capitalismo nos tiene bien agarrados con eso de comprar- usar-descartar, para luego empezar el ciclo de vuelta), el tema será cómo las usamos.

¿Qué pensás de las nuevas formas de comunicación? ¿Y las redes sociales?
Ahí ya estoy medio mostrando la hilacha del viejazo. Por ejemplo, detesto llamar a alguien al celular y dejar un mensaje de voz. A veces hago diez llamados y no logro comunicarme con nadie. Y pocos me devuelven el llamado. Hay una tendencia a creer que estamos muy comunicados, por el sólo hecho tecnológico, pero obviamos el factor de la voluntad que requiere todo hecho comunicativo. Más medios de comunicación y más veloces no significan necesariamente mejor comunicación. En las redes sociales soy un perfecto analfabeto: no me puedo sacar la idea de que sólo sirven para chusmerío y pérdida de tiempo. Aún no les hallo el sentido para mí. Susana Sussmann, del Taller Forjadores (del cual soy colaborador, aunque últimamente apenas si puedo aportar por allí, ¡perdón, Su!), se burla de mí diciendo que, como sólo uso mail desde una PC -en desmedro de las redes sociales desde algún teléfono móvil- tengo espíritu de ancianita, porque las tendencias marcan que los viejitos pro son los que se animan con la web y una PC. Aunque ahora, a causa del proyecto patrocinado por Andrómeda (antes mencionado) parece que me convendrá abrir una cuenta en Féisbuc por el tema de la difusión de mi obra… Así que no me queda otra que hacer un lado mis prejuicios. (Aplausos, por favor)

No creo que se traté de la edad. Ese es otro gran prejuicio de moda, después de los treinta vas al carrusel. La realidad de millonarios mostrando sus coches de alta gama. Comprando hectáreas que jamás usarán, mientras otros se mueren por enfermedades y hambre. Leo sobre la historia de la humanidad y siempre fue así. Despotismo y esclavitud. Opulencia para los poderosos y miseria para los desvalidos. Creo que al final es todo un estado mental, la única forma de escapar de la Matrix ¿Qué opinás de eso? ¿Crees que hay un orden en el universo?
Uh, pero tocaste una bocha de temas. Podríamos extender este reportaje por siempre… (Buena idea ésa para un cuento: la historia de un periodista que quiere hacer el Último Reportaje, que refleje la realidad completa. Por ejemplo, a Dios. Y sería un reportaje continuo, eterno, que nunca acabaría, a menos que se acabe el Universo o la Vida. Entonces el tipo se hace inmortal gracias a su búsqueda, algo así como le pasa al prota de “Hacedor de estrellas”… Je. La regalo a quien quiera usarla.) Como soy cristiano, debería contestarte que sí creo en un orden universal. Pero no lo veo tan así. Yo pienso que estamos atravesando una muy interesante vuelta de tortilla a nivel mundial: los países del Primer Mundo están empezando a probar qué se siente estar en el Tercero: hay otros que están emergiendo (y algunos de ellos con sistemas políticos que se creían fallidos o equívocos, como en el caso de China); Latinoamérica apunta a convertirse en una potencia, si es que no se nos logran infiltrar otra vez los titiriteros del norte (y todo indica que ahora les va a costar mucho más que antes); y hablando de ellos, ya ves, se cargan a Bin Laden y llaman a eso “justicia”, sin un juicio en alguna corte internacional de por medio. Uno se pregunta cómo va a reaccionar el Islam en la instancia actual de este conflicto que surge cuando Abraham decide acostarse con la criada y tener a Ismael (Porque después tiene que elegir entre él y el hijo que le da Sarah, su esposa: Isaac. Ahí tenés tipificada la raíz del conflicto Islamismo-Oriente vs. Cristianismo-Occidente). La Matrix ya viene desmoronándose, y desde antes del 9-11. Al menos en parte. Ahora se me ocurre que haber nacido en Latinoamérica es como haber tomado la pastilla roja. Pero no porque nos dieron a elegir: acá nunca hubo pastillas azules. O mejor dicho: naciste con la roja, pero ahora te intentan vender la azul, descaradamente, como si nunca hubieras conocido el secreto de la Máquinas. Lo peor es que siempre hay Zyphers que la aceptan. Por otro lado, tenemos la sombra del Cambio Climático (que, por ahora, parece ser más misericordioso con el Hemisferio Sur.) Es como si la Ilustración, el Iluminismo y sus Nuevas Ideas (que son una especie de matriz, iniciada con la toma de la Bastilla y con la Revolución Industrial) estuvieran a punto de caducar (¡Chau Voltaire, Rousseau y demás nenes!) Y acá veo un signo saludable (y lo digo medio desde la ignorancia, porque no soy muy versado en cuestiones filosóficas): parece que a nadie le interesa mucho elaborar la teoría que esquematice estos tiempos. Como que la sensación es dejarse llevar por la corriente. Tal vez porque no hay otra cosa que se pueda hacer. Aunque eso, llevado al extremo puede ser muy perjudicial: hay que pensar la realidad, aunque sólo hagamos un simulacro de ella. Volvemos a lo mismo: estamos en cambio constante. Por eso la CF hoy es más relevante que nunca. Los escritores debemos pensar en simulacros de la realidad para mostrar puntos de vista alternos. Teresa de Echeverría dice que la CF es un “laboratorio filosófico”. Y después está el mundo interior, el espíritu, las Cosas Sensibles. Cómo se conjugan con la realidad que está piel para afuera. La buena CF también se ocupa de eso. Bueno, basta. Me fui al carajo…

Ahora los chicos siguen aventuras a través de juegos de video o historias en cine condicionadas por el merchandising ¿Pensás que eso reemplazará a la literatura tradicional?
Nunca. Los que no se habituaron a leer se pierden algo único, irremplazable. La falta de lectura es una señal peligrosa del avance de las cosas, porque leer desde pequeños estimula tantas cosas… E incluso aquí me animo a hacer una distinción entre leer un libro o leer algo en la red. Sentarse, acostarse o tirarse en el pasto con un libro en las manos es un acto íntimo. Leer en la web es un poco como mirar algo que puede estar al alcance de todos en ese mismo momento. Si se quiere, es más ‘indiscreto’. De todos modos es obvio que un futuro muy cercano no podremos darnos más el lujo de hacer papel, así que ni modo: llenemos los bolsillos de los inventores de los Readers (mal que me pese). No leer es, para mí, casi como no usar alguno de los sentidos. Por eso hay que celebrar a Harry Potter o a Crepúsculo, aunque sean literatura sin mucho vuelo, porque hacen que millones de adolescentes se interesen por la lectura. Seguramente, muchos de ellos pasarán de Rawling a Dick o Saramago o Tolkien.

¿Por que pensás que en la opinión general, la CF es tan infravalorada?
Porque te obliga a pensar. Leer cualquier cosa te exige cerebración, ¿cuánto más la CF, cargada de neologismos, de tabúes e ideas inquietantes? Es más fácil reír como un idiota, babeándote, mientras mirás como se pelean los faranduleros en la tele, o a las minas de Tinelli. Si sos un poco más esnob, vas a consumir algún libro de moda. Pero son pocos los que buscan algo que los incomode, y les revuelva las concepciones. Porque no nos gusta el cambio. Por otro lado está la etiqueta “ciencia ficción”, casi una mala palabra. Que nos condiciona. Los que no saben qué es realmente la CF creen que se trata de naves espaciales y robots. De decorado, nada más. Esa gente probablemente nunca llegue a comprender el código de la CF, porque implica una cosmovisión, una apertura mental demasiado grande.

Bueno, se trata de cómo cultivaste/cultivaron tu mente. He conocido tipos esclavos de sus instintos más básicos. Del tipo asaltantes, adictos, abusadores que se multiplican con bastante facilidad. Otros, aficionados a lecturas sociales o políticas reaccionan igual ante la CF: se espantan y te miran como si tuvieras algo contagioso. No exagero, eh. Ni te digo cuando agrego que escucho Heavy Metal y leo comics, muchas veces creo que me equivoqué de planeta. Por fortuna hay “otros”. Me recuerda a Lestat, el vampiro de Ann Rice, cuando busca con desespero un compañero, alguien con quien compartir una conversación ¿Imaginás que algún día conquistaremos el espacio como en Star Trek?
Sí, leer CF es raro. Pero el problema es la confusión de términos “común” y “normal”. No son lo mismo. Hoy por hoy lo común es que te licúes el cerebro con toda la porquería que se pasa por la tele, y con los gadgets y la web. Pero eso no es normal. Si se hace la distinción entre ambos términos, dejarte embobar es lo anormal, aunque sea común, y lo normal es leer libros de un género “abrecocos” que te expandan la manera de ver las cosas, aunque sea poco común. Y sé que no exagerás: lo he vivido yo también. Recordá que soy cristiano, y no siempre está bien visto que un tipo al cual le dieron cargo de “pastor” (que sólo es un título funcional, y que me pesa, en cierto modo, porque está estigmatizado por otros HDP que metieron la pata hasta el cuadril estafando la fe de la gente muy feo), lea y escriba cosas tan raras y “zarpadas”, y escuche y haga música pesada o experimental. En todos lados se cuecen habas… ¡Perdón que me colgué con tu comentario anterior! Vamos a la pregunta respecto de la conquista del espacio: no, no creo que lleguemos a ser como Jim Tiberius Kirk o como Spock. La entropía del capitalismo se está llevando todo esos sueños de los 50’s, 60’s y 70’s al tacho. Antes de siquiera explorar nuestro Sistema Solar tenemos que resolver varios problemas en casa, sortear “la adolescencia tecnológica” que mencionó Sagan. Por ahora el futuro está en lo virtual, en los nanos, en el Posthumanismo. Quedamos los escritores para imaginar cómo hubiera sido si…

Lamentablemente, pienso que tenés razón, che. Pero siempre existirá la imaginación como puente hacia el infinito. La serie COSMOS de Sagan cierra con un episodio inolvidable que se llama ¿Quién habla en nombre de la Tierra?, aludiendo que somos los únicos que podemos sobrevivir a nuestra agresividad, la devoción a un líder carismático y al repudio a los extraños. Hoy pasaron treinta años y continuamos en guerra, destruyendo especies, el clima. Contaminando el aire, la tierra y el mar y peor, valorando el individualismo sobre otras aspiraciones ¿Cómo imaginás el futuro en el planeta Tierra?
“Cosmos” fue un hito que me marcó. Había una clarividencia en Sagan fuera de serie. Su novela “Contacto” es prueba de lo grande que fue la búsqueda del tipo. ¿El futuro del planeta? La verdad, tiene más posibilidades distópicas que lo contrario. Mi amigo Jorge Korzán dice que la CF debería recobrar ese espíritu positivo (no “positivista”) de los 40’s y 50’s para alentar esperanzas. Pero la verdad, se hace difícil, viendo como siguen las cosas. Cuando escribo cosas como “En el umbral del mundo” o “Bendita”, me pregunto si historias de ese tipo harán reflexionar a alguien. Por que uno como que insiste con la denuncia, ¿no? Y cuando veo cómo va todo, me doy ánimos creyendo que sí, que tal vez a alguno le hará repensar cómo estamos haciendo las cosas.

En tu blog reza Poético, Profético y Poliédrico. Me llamó la atención eso de Poliédrico. Hace poco, mi esposa me regaló un libro de Peter Stevens llamado Patrones y Pautas en la naturaleza. Trata de que hay formas que se repiten en todo el universo y no son muchas. Diría que se limitan a los polígonos regulares. En el caparazón de la tortuga, los cristales de nieve, la mano humana, la hoja de parra y así ¿De donde viene el nombre de tu blog?
El nombre viene de mi cuento “En el museo de los sueños verdaderos”. En él, el protagonista es enseñado por su maestro, el Perito de la Bitácora, en la redacción de informes que son grabados y almacenados por nanos en su cuerpo. Una de las pautas para hacer un buen registro es que éste debe ser “Poético para seducir el oído de quienes escuchan, Profético para provocarles sed por el futuro, y también Poliédrico porque debe encerrar esa ansia por el porvenir dentro de un espacio limitado por expectativas realizables; pero nunca debe ser Polémico porque la Bitácora no debe suscitar controversias”. Todo salió de intentar un juego de palabras, al estilo Gardini (salvando las terribles distancias). Lo que mencionás acerca de las formas en la naturaleza es muy interesante. Está el fascinante mundo de los fractales.

Si hubiese un holocausto climático o ecológico ¿Qué harías?
Je… El tema es qué hago ahora, para evitarlo. La verdad, no hago mucho. Pero supongo que, de ocurrir, trataría de sobrevivir. ¿Servirá haber leído tantas historias postapocalípticas? “Las torres del olvido”, “El mundo sumergido”, “El cartero…”

Ahora ¿Podés hacer algo para evitarlo? Digo hay muchos monstruos grandes que pisan fuerte. Yo no sabía que en Japón había tantas centrales nucleares. Están matando a las ballenas y nadie levanta un codo. Me refiero a los que sí pueden evitar eso. Yo me vería medio ridículo con una pancarta frente al congreso, bajo la lluvia. Seguro el señor congresista me mirará desde su despacho con aire acondicionado muriéndose de risa. ¿Te preocupa la ecología?
Si me preocupa, pero me siento como vos: impotente, y a la vez, tentado de mirar hacia otro lado. Quisiera contentarme con sólo usar lámparas de bajo consumo, no tirar pilas a la basura, gastar menos electricidad, y todo eso. Pero me gustaría hacer algo más grande. Pienso que uno de los motivos por los cuales decidí escribir CF es esto que te decía antes de la denuncia. Creo que la CF puede concientizar. A algunos pocos, pero que son más que uno. En vez de ir a limpiar pingüinos empetrolados (lo que me gustaría hacer, claro), o pintarrajear tapados de pieles con aerosoles indelebles en Barrio Norte (lo que me gustaría hacer aún más), escribo.

¿Cuál es tu película de CF favorita?
¿Puedo mencionar diez, en orden de favoritismo? ¿Sí? Gracias:
1. 2001: una odisea espacial
2. Blade Runner
3. Watchmen
4. La naranja mecánica
5. Distrito 9
6. Días extraños
7. V for Vendetta
8. Hijos de Hombre
9. Ciudad en tinieblas
10. Matrix
(Me zarpé con la cantidad, ¿no?)

No, diez es un buen número y me atrevo a decir que te faltan unas diez más, je, je. ¿Crees que los autores de Cf son nerds o ratones de biblioteca despegados de la realidad?
Eso es un estereotipo. Es imposible ser un buen autor de CF si estás despegado de la realidad. Desde la New Wave, la CF dejo de ser una literatura de escapismo. Como te decía antes, su primera preocupación no es la estética sino la denuncia. Si no sabés dónde estás parado, no podés denunciar nada.

¿Cuál fue el último cuento de Cf que leíste?
Acabo de leer “Carbono alterado”, de Richard Morgan, una novela de casi 400 páginas, y quedé por competo alucinado. Muy buena. Totalmente recomendable. Es de esos libros de los cuáles decís: “¡Qué hdp este flaco! ¡Cómo me hubiera gustado escribir algo así!”. (Este “hdp” es con minúsculas, porque es de admiración, je. El de antes va con mayúsculas, porque alude a malos bichos de veras)

¿Pensás que alguien leerá este diálogo?
Y, por lo menos vos. Je, je. Sí, espero que tanta cháchara le sirva a alguien para algo.

27 de Mayo de 2011 - Planeta Pandora

3 comentarios:

  1. A ver, ¿cómo decirlo? Néstor es un tipazo de esos que da orgullo el poder llamarlo "Amigo".
    ¡Qué nota! ¡Qué gente tenemos en el rubro!
    Todo lo que se dice es un manjar.
    respecto a lo de barroco (pero nunca rococó): bienvenido al club, genio.
    Respecto de la polifonía artística: me abriste la cabeza a un modo nuevo de reinterpretar el arte. Ya me imagino un "Mundo del Río" estético (trascendente), casi como el río Tetys de "Hiperión", ¿no? Pasando de un mundo a otro en una corriente continua.
    Y a las gracias por esta nota (incluido Carper, que ya me hace acordar a James Lipton en Inside the Actors Studio, un capo) quiero sumar las gracias por lo que escribís y nos das a los lectores.
    Un saludo.
    Tere

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  2. ¡Lo dicho! Fue muy ameno tener de invitado a Néstor. ¡Muchas gracias por tu comentario!

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  3. Buenísimo leer un poco de lo que hay dentro de cada uno de los autores. Grande, Néstor! Seguí así!

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